La increíble razón por la que Steve Jobs recuperó 7.000 ordenadores nuevos y ordenó enterrarlos en un vertedero.
Un empresario invirtió una fortuna para mejorar 7.000 Apple Lisa defectuosos, pero Steve Jobs decidió recuperarlos y sepultarlos.
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Categoría: Tecnología
El desastre comercial que Apple quiso borrar del mapa
En la historia de la tecnología, existen lanzamientos gloriosos y fracasos estrepitosos. El Apple Lisa, lanzado en 1983, pertenece dolorosamente a la segunda categoría. A pesar de ser un pionero en la interfaz gráfica de usuario, su precio de 9.995 dólares (más de 30.000 euros actuales) y una serie de fallos técnicos lo convirtieron en un desastre comercial. Steve Jobs, obsesionado con un diseño compacto, aprobó un chasis sin la ventilación adecuada, provocando sobrecalentamientos constantes que dañaban la placa base. El resultado: miles de unidades acumulando polvo en los almacenes de Apple, una mancha en el expediente de una compañía que aspiraba a la perfección.
Una oportunidad en medio del caos
Mientras Apple intentaba olvidar el Lisa y centraba todos sus esfuerzos de marketing en el inminente Macintosh, un hombre vio una oportunidad de oro donde otros solo veían chatarra. Bob Cook, un vendedor especializado en productos Apple y un apasionado coleccionista, ya tenía experiencia comprando excedentes de la marca. Anteriormente, había adquirido casi 3.500 unidades del fallido Apple III, pagando a plazos y salvando a muchos minoristas de la ruina. Con el Lisa, la escala era mucho mayor: 7.000 ordenadores abandonados a su suerte.
La apuesta de 200.000 dólares para resucitar al Lisa
Bob Cook no solo quería vender los Lisa; quería salvarlos. Negoció un acuerdo con Apple que, en un principio, le dio luz verde. La compañía le permitió comprar el gigantesco stock y le brindó soporte para que su empresa, Sun Remarketing, comercializara aquellas unidades y ofreciera soporte técnico. Cook y su equipo se tomaron la tarea muy en serio e invirtieron 200.000 dólares de la época en investigación y desarrollo para corregir los defectos de fábrica del Lisa. Su proyecto, bautizado como 'Lisa Professional', era una versión 2.0 que prometía solucionar los problemas de sobrecalentamiento y rendimiento, convirtiendo un fracaso en un producto funcional y deseable.
El giro inesperado: Steve Jobs cambia de opinión
Todo parecía ir sobre ruedas hasta septiembre de 1989. Apple, en un drástico cambio de rumbo, exigió la devolución inmediata de todos los equipos. La visión de la compañía había cambiado: la idea de que miles de ordenadores, modificados por un tercero, llevaran el logo de Apple era inaceptable. La imagen de marca, el control férreo sobre el hardware y el software, y la obsesión por la perfección de Steve Jobs pesaron más que cualquier acuerdo previo. Para Apple, era mejor borrar un capítulo vergonzoso de su historia que permitir que otros lo reescribieran.
Un camión, un vertedero y el fin de una era
Sin previo aviso, un camión pagado por Apple se presentó en los almacenes de Bob Cook. Los operarios cargaron hasta el último de los 7.000 Apple Lisa y los aproximadamente 3.000 Apple III que aún conservaba. Cook, desconcertado y sin ganas de enfrentarse a una batalla legal contra el gigante de Cupertino, no pudo hacer nada. El destino de aquellos miles de ordenadores fue un vertedero en Logan, Utah. Allí, fueron triturados y enterrados bajo toneladas de tierra, un secreto a voces documentado en el documental "Lisa: el sabotaje de Steve Jobs y el entierro secreto de Apple".
La ironía final es dolorosa y fascinante. Hoy en día, los pocos Apple Lisa que sobrevivieron a la purga son piezas de colección muy codiciadas, alcanzando precios que superan los 10.000 dólares. La decisión de Jobs, aunque comprensible desde una perspectiva de branding extremo, significó la destrucción de una fortuna en hardware que, con el tiempo, se habría convertido en un tesoro para coleccionistas y museos. Fue el precio que Apple pagó por controlar su propia narrativa, incluso si eso significaba enterrar su pasado literalmente.