LHS 1903: un sistema exoplanetario “invertido” que desafía los modelos de formación planetaria
A 116 años luz, LHS 1903 muestra cuatro planetas con un rocoso exterior que contradice teorías actuales.
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Fuente: https://images.pexels.com/photos/12491599/pexels-photo-12491599.jpeg?auto=compress&cs=tinysrgb&h=650&w=940
Categoría: Tecnología
Un equipo internacional liderado por la Universidad de Warwick acaba de presentar en Science un hallazgo que incomoda a la astrofísica justo donde más seguridad parecía haber: la “arquitectura” típica de los sistemas planetarios. El sistema exoplanetario LHS 1903, localizado a 116 años luz, no solo suma un nuevo candidato a la lista de mundos conocidos; además llega con una disposición interna que, según el modelo estándar de formación planetaria, simplemente no debería darse.Las observaciones se apoyan en una combinación muy potente: TESS, el telescopio de la NASA especializado en detectar planetas mediante el método de tránsito (cuando un planeta pasa por delante de su estrella y atenúa su luz), y CHEOPS, el satélite de la Agencia Espacial Europea diseñado para caracterizar exoplanetas con mayor precisión. Con esa dupla, el equipo pudo estimar tamaño, masa y, a partir de ahí, densidad de los planetas del sistema.LHS 1903 gira en torno a una enana roja, el tipo de estrella más común y longevo del universo. Y aquí está el giro: el sistema está formado por cuatro planetas ordenados de una manera “invertida”. El planeta más interno es rocoso; los dos siguientes son gaseosos; y, contra todo pronóstico, el planeta más externo (LHS 1903 e) vuelve a ser rocoso.Ese último mundo es el que rompe el tablero. LHS 1903 e es una super-Tierra grande: 1,7 veces el radio de la Tierra y 5,79 masas terrestres, con una densidad similar a la terrestre. En los modelos actuales, un planeta así, en una zona fría y externa, debería haber acumulado gas del disco protoplanetario hasta convertirse en un gigante gaseoso, algo más cercano a Júpiter que a la Tierra. Pero no ocurrió.La razón de que esto sea tan relevante es que contradice el patrón que vemos una y otra vez: materiales rocosos cerca de la estrella (zonas calientes) y gigantes gaseosos más lejos, más allá de la llamada “línea de nieve”, donde el hielo facilita la formación de grandes núcleos capaces de capturar hidrógeno. Nuestro Sistema Solar es el ejemplo de manual: Mercurio, Venus, la Tierra y Marte dentro; Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno fuera.Para explicar LHS 1903, el equipo propone una hipótesis de “formación pobre en gas” que pone el foco no tanto en el dónde, sino en el cuándo. La idea es que los planetas se fueron formando uno tras otro, consumiendo el gas disponible del disco. LHS 1903 e se habría formado el último, millones de años después del planeta más interno, cuando el disco ya estaba muy agotado. En palabras del investigador principal, Thomas Wilson, eso implicaría que “no quedaba tanto gas y polvo en el disco como para construir este planeta” como un gigante gaseoso.Se consideraron otras posibilidades, como un origen por impactos entre planetas o la pérdida de una envoltura gaseosa, pero esas alternativas se descartaron. Y aunque todavía no hay una respuesta definitiva, el mensaje es claro: si el modelo falla en un sistema alrededor de una enana roja —las estrellas más abundantes de la galaxia—, podría estar fallando también en muchos otros lugares.El astrónomo Néstor Espinoza, del Instituto de Ciencia del Telescopio Espacial en Baltimore y ajeno al estudio, lo resumió para CNN con una frase que captura bien el momento: este sistema aportará un dato que “los modelos de formación planetaria intentarán explicar durante años”. LHS 1903 no es solo un sistema nuevo; es una pista incómoda que obliga a revisar, con urgencia, cómo creemos que se construyen los mundos.