Los cuadernos radiactivos de Marie Curie siguen bajo plomo en la Biblioteca Nacional francesa
Noventa y dos años después, los cuadernos de Curie siguen contaminados y exigen plomo, trajes protectores y exenciones firmadas.
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Categoría: Tecnología
En los sótanos de la Biblioteca Nacional de Francia (BnF) se guardan libros raros, manuscritos delicados y piezas que obligan a extremar el cuidado: guantes, luz controlada, manipulación mínima. Pero hay un caso en el que la lógica se invierte. Si alguien pide consultar los cuadernos de laboratorio de Marie Curie, no es el papel lo que más preocupa. Es la persona que quiere leerlos.Marie Curie murió en 1934. Han pasado 92 años y, aun así, sus libretas manuscritas siguen tratándose como material potencialmente peligroso. No es una exageración ni un capricho de archivo: aquellas páginas estuvieron en contacto directo con sustancias radiactivas en una época en la que apenas se entendían sus riesgos. Cuando Marie y Pierre Curie investigaban con uranio —trabajo que acabaría llevándoles al descubrimiento del polonio y el radio— no existían los protocolos de seguridad que hoy son básicos en cualquier entorno radiológico. El American Council on Science and Health (ACSH) lo resume con crudeza: no sorprende que su espacio de trabajo, y también sus cuadernos, quedaran contaminados.La BnF conserva esas libretas dentro de cajas especiales formadas por varias capas de plomo. Y no se queda ahí. Según explicó la BBC en 2021, si un investigador quiere manipularlas en persona debe ponerse un traje de protección y, además, firmar un documento que exime a la institución de responsabilidad. En otras palabras: para leer a Curie, hay que vestirse como si se entrara en una zona controlada.El contexto ayuda a entender por qué. En sus notas, citadas por Philipp Blom en ‘Los años de vértigo: Europa, 1900-1914’, Curie describía la belleza inquietante del laboratorio por la noche: frascos y cápsulas con productos que emitían un brillo tenue, “como luces de hadas”. También se cuenta que no era raro que el matrimonio llevara frascos con polonio y radio en los bolsillos del abrigo o los dejara sobre el escritorio. Ese contacto constante tuvo consecuencias. Marie Curie murió por una anemia aplásica que probablemente estuvo relacionada con su exposición frecuente al radio y al polonio.El problema, además, no se esfuma con el tiempo a escala humana. El ACSH recuerda que, con una vida media del radio de unos 1.600 años y detectores actuales muy sensibles, resulta lógico que la contaminación siga siendo detectable. La BBC añade un cálculo tan llamativo como desalentador: si los átomos de radio tardan de media unos 15 siglos en desintegrarse, no es descabellado pensar que esos cuadernos deban permanecer dentro de su “ataúd” de plomo durante todo ese periodo.Francia no es el único lugar donde se conservan materiales de Curie. La Wellcome Collection guarda un volumen con anotaciones, sustancias radiactivas y croquis, escrito en París entre 1899 y 1902, y lo tiene digitalizado. Para evitar sustos, en 2014 la firma Aurora examinó ese material y concluyó que estaba contaminado con radio-226. Aun así, el ACSH matiza que ese volumen “no representa un riesgo apreciable”. La gran diferencia es práctica: hoy puede consultarse desde casa, online, e incluso descargarse en PDF.El interés por los “cuadernos contaminados” es tal que el tema tiene incluso una entrada propia en la web Marie-curie.eu. Y no acaba en el papel. La BBC explica que la casa del sur de París donde Curie trabajó hasta 1934 también quedó afectada por los niveles de radiación de sus experimentos, hasta ganarse el apodo irónico de “el Chernóbil del Sena”. Cuando finalmente fue enterrada en el Panteón de París, el simbolismo científico se mezcló con una medida muy concreta: Marie Curie terminó en un sarcófago de plomo de casi una pulgada de grosor.Pocas historias ilustran tan bien el precio de abrir camino en la ciencia. Los cuadernos de Curie siguen ahí, protegidos por capas de plomo, recordando que algunos avances no solo cambian el mundo: también dejan huella, literalmente, durante siglos.