LHS 1903: un sistema exoplanetario “invertido” que desafía las reglas de formación planetaria
A 116 años luz, cuatro planetas orbitan una enana roja con un rocoso exterior que contradice modelos actuales.
Calificación
0 / 5 (0 votos)
Fuente: https://images.pexels.com/photos/20337601/pexels-photo-20337601.jpeg?auto=compress&cs=tinysrgb&h=650&w=940
Categoría: Tecnología
A 116 años luz de la Tierra, un nuevo sistema exoplanetario acaba de entrar en la lista de los hallazgos que obligan a mirar dos veces. Se llama LHS 1903 y, según un estudio liderado por la Universidad de Warwick y publicado en Science, su “arquitectura” planetaria no encaja con el guion que la astrofísica suele dar por bueno. Dicho de forma sencilla: tal y como entendemos hoy la formación de planetas, este sistema no debería existir tal cual lo vemos.LHS 1903 gira alrededor de una enana roja, el tipo de estrella más común y longevo del universo. Hasta aquí, nada raro. Lo desconcertante llega al ordenar sus cuatro planetas de dentro hacia fuera. El más interno es rocoso. Los dos siguientes son gaseosos. Y el más externo, LHS 1903 e, vuelve a ser rocoso. Esa última pieza es la que rompe el puzzle.LHS 1903 e es una super-Tierra grande: tiene 1,7 veces el radio de la Tierra y 5,79 masas terrestres, con una densidad similar a la de nuestro planeta. El problema no es su tamaño, sino su ubicación. En los modelos estándar, los planetas rocosos —hechos de materiales refractarios— tienden a formarse en las zonas internas y más calientes, mientras que los gigantes gaseosos aparecen más lejos, en regiones frías más allá de la llamada “línea de nieve”. Allí el hielo facilita la creación de núcleos grandes capaces de capturar enormes envolturas de hidrógeno. El ejemplo de manual es el Sistema Solar: Mercurio, Venus, Tierra y Marte cerca; Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno lejos.Por eso LHS 1903 e desconcierta: un planeta tan grande en una zona fría, según la teoría, debería haber acumulado gas hasta convertirse en un gigante similar a Júpiter. No es una rareza menor; cuestiona el mecanismo que se usa como referencia para explicar cómo se ensamblan muchos sistemas planetarios.El equipo propone una explicación que cambia el foco de “dónde” a “cuándo”. Su hipótesis es un mecanismo de formación pobre en gas: los planetas se habrían formado uno tras otro, desde el interior hacia el exterior, consumiendo el gas del disco protoplanetario en el proceso. Si LHS 1903 e nació el último, lo habría hecho cuando ya quedaba poco gas disponible, de modo que no pudo inflarse hasta ser un gigante gaseoso. En palabras del autor principal, Tomas Wilson, esto implicaría que el planeta más externo se formó millones de años después del más interno, cuando el disco ya estaba agotándose.Los datos que sostienen el hallazgo provienen de dos instrumentos clave: TESS (NASA), que detecta planetas mediante el método de tránsito, y CHEOPS (ESA), que permite caracterizarlos con más detalle para estimar tamaño, masa y, a partir de ahí, densidad. El equipo también consideró alternativas —como un origen por impactos entre planetas o la pérdida de una envoltura gaseosa—, pero acabaron descartándolas.La relevancia va más allá de un caso curioso. Si un sistema así existe alrededor de una enana roja —las estrellas más abundantes de la galaxia—, cabe preguntarse cuántos otros sistemas “invertidos” podrían estar ahí fuera, esperando a ser identificados o reinterpretados. Como señaló Néstor Espinoza, astrónomo del Instituto de Ciencia del Telescopio Espacial en Baltimore ajeno al estudio, este sistema aporta un dato que los modelos intentarán explicar durante años. Y, con suerte, esa incomodidad científica terminará siendo la pista que faltaba para comprender mejor cómo se forman los mundos en el cosmos.