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Tres robots autónomos exploran un tubo de lava en Lanzarote pensando en bases lunares

Un experimento europeo en Lanzarote prueba robots cooperativos y autónomos para mapear tubos de lava, clave para futuras bases.

Publicado por: admin (soyreportero)

2026/02/23 | 07:12

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Tres robots autónomos exploran un tubo de lava en Lanzarote pensando en bases lunares

Fuente: https://images.pexels.com/photos/8566624/pexels-photo-8566624.jpeg?auto=compress&cs=tinysrgb&h=650&w=940

Categoría: Tecnología

Europa acaba de hacer algo que suena a ciencia ficción, pero es pura ingeniería aplicada: mandar tres robots a explorar un tubo de lava volcánica en Lanzarote para aprender cómo podrían funcionar, algún día, en la Luna o en Marte. No se trataba de una demostración vistosa para el público, sino de una prueba técnica seria, descrita en un paper publicado en Science Robotics, con participación de un grupo de investigación europeo en el que figura la Agencia Espacial Europea.

La idea de fondo es sencilla y potente. Ni la Luna ni Marte son superficies “planas” y previsibles: son mundos volcánicos, con cavidades subterráneas creadas hace millones de años por lava líquida. Y esas cavidades no son pequeñas. La baja gravedad permite estructuras de escala enorme, potencialmente de kilómetros, y con espacio suficiente como para imaginar instalaciones grandes. En la Tierra hay ejemplos en lugares como Hawái o Canarias. En este caso, el escenario elegido fue el tubo de lava de La Corona, en Lanzarote, con tramos que alcanzan unos 30 metros de ancho y alto: una cueva que, por tamaño, se siente casi como una catedral.

¿Por qué obsesionarse con cuevas? Porque el entorno espacial es brutal. Temperaturas extremas, radiación y el impacto constante de micrometeoritos complican cualquier intento de establecer una base en superficie. Un tubo de lava, en cambio, puede actuar como un blindaje natural frente a la radiación ionizante, los cambios térmicos y la lluvia de meteoritos. Además, si existiera agua congelada o algún rastro de vida, estas cavidades serían un lugar especialmente interesante para buscar.

El experimento en Lanzarote puso a trabajar a tres robots con roles complementarios, en condiciones que se parecen a las de una misión real: sin GPS y sin luz solar. El “vigía” se quedó fuera, mapeando la entrada. El “explorador” —un cubo lleno de cámaras— se dejó caer al agujero para observar primero. Y el “espeleólogo” descendió haciendo rápel hasta adentrarse en la oscuridad, llegando a 235 metros de profundidad.

El objetivo no era solo crear un mapa 3D del interior mientras avanzaban. Igual de importante era el “cómo”: no se pilotaron con un mando a distancia, sino que operaron de forma autónoma, tomando decisiones sobre la marcha y coordinándose. Esto es clave para el espacio, donde la señal de radio desde la Tierra puede tardar minutos en llegar.

El resultado fue positivo: la prueba de robótica espacial heterogénea y cooperativa se considera un éxito, aunque el propio trabajo señala margen de mejora, especialmente en navegación sin luz y en cómo la sensórica responde a interferencias del entorno. En paralelo, misiones como Artemis II apuntan a devolver humanos a la Luna tras más de medio siglo, y este tipo de ensayos deja claro que, si algún día vivimos bajo la superficie lunar o marciana, probablemente llegaremos primero en forma de robots.

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