S O Y R E P O R T E R O

Jugaban a las cartas mientras todos vomitaban: la historia del experimento olvidado de la NASA con 11 hombres inmunes.

La NASA estudió a 11 hombres sordos, inmunes al mareo, para descifrar la cinetosis y asegurar el éxito de las misiones espaciales.

Publicado por: Eder Muñoz (edercmf)

2026/04/21 | 18:40

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Jugaban a las cartas mientras todos vomitaban: la historia del experimento olvidado de la NASA con 11 hombres inmunes.

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Categoría: Tecnología

El Experimento Olvidado que Conquistó el Vértigo Espacial

A finales de la década de 1950, mientras el mundo miraba a las estrellas con una mezcla de miedo y fascinación, la NASA enfrentaba un desafío monumental: enviar humanos al espacio y traerlos de vuelta sanos. Uno de los mayores obstáculos era un enemigo silencioso y debilitante: el mareo por movimiento espacial. Para resolverlo, los ingenieros y médicos idearon un plan tan contraintuitivo como brillante: estudiar a un grupo de personas que, por una peculiaridad biológica, eran completamente inmunes al mareo. Así nació la historia de los 'Once de Gallaudet', los héroes anónimos cuya contribución fue clave para la carrera espacial.

La Lógica Detrás del Caos: ¿Por Qué Estudiar a los Inmunes?

El mareo por movimiento, o cinetosis, ocurre cuando el cerebro recibe señales contradictorias. Mientras los ojos le dicen que está quieto dentro de una nave o un coche, el sistema vestibular, ubicado en el oído interno y responsable del equilibrio, detecta movimiento. Esta confusión sensorial activa una respuesta de alarma en el cerebro, provocando náuseas, vértigo y desorientación. En el entorno de microgravedad del espacio, el sistema vestibular pierde su referencia terrestre, generando un caos similar. Los científicos de la NASA entendieron que si lograban comprender cómo funcionaba un cuerpo sin esta respuesta, podrían desarrollar contramedidas efectivas para sus astronautas.

Los 'Once de Gallaudet': Hombres a Prueba de Todo

La búsqueda de estos sujetos de prueba únicos llevó a la NASA al Gallaudet College (hoy Universidad de Gallaudet), la primera institución de educación superior para personas sordas y con dificultades auditivas. Allí reclutaron a 11 hombres, de entre 25 y 48 años, cuya sordera no era de nacimiento, sino el resultado de una meningitis espinal que había dañado irreversiblemente su sistema vestibular. Eran, en esencia, biológicamente incapaces de marearse.

Las Pruebas Más Extremas de la NASA

Estos voluntarios fueron sometidos a una serie de experimentos diseñados para inducir el mareo más severo imaginable. Los resultados fueron asombrosos y confirmaron la teoría de los investigadores.

  • La Sala de Rotación: Pasaron 12 días consecutivos en una sala que giraba a 10 revoluciones por minuto. Mientras los observadores se sentían indispuestos con solo mirar, los participantes realizaban sus tareas con total normalidad.
  • La Centrífuga Humana: Fueron sometidos a fuerzas de hipergravedad en cápsulas centrífugas que giraban a velocidades vertiginosas, simulando las condiciones extremas de un lanzamiento espacial. No mostraron ningún síntoma de malestar.
  • El 'Vomit Comet': Se subieron a un avión que realizaba vuelos parabólicos, creando breves períodos de ingravidez mediante ascensos rápidos y caídas abruptas. Este avión era famoso por provocar náuseas extremas en casi todos sus pasajeros. Los once voluntarios, impasibles, flotaban y disfrutaban de la experiencia.
  • La Prueba del Océano: Quizás la prueba más reveladora fue un viaje en ferry por las aguas turbulentas de la costa de Nueva Escocia durante una tormenta. Los investigadores y la tripulación sufrieron mareos tan intensos que la prueba tuvo que ser cancelada. Mientras tanto, los 11 hombres de Gallaudet jugaban a las cartas tranquilamente en la cubierta, completamente ajenos al caos que los rodeaba.

El Legado que Flota en el Espacio

Aunque ninguno de los 'Once de Gallaudet' viajó jamás al espacio, su legado es fundamental para cada astronauta que ha orbitado la Tierra. Gracias a ellos, la NASA confirmó que el mareo espacial era un fenómeno temporal, directamente ligado al sistema vestibular y, por lo tanto, manejable. Los datos recopilados permitieron diseñar programas de entrenamiento más efectivos, medicamentos y protocolos para ayudar a los astronautas a aclimatarse a la microgravedad. Fueron la pieza clave que permitió que hitos como las misiones Apolo y, más recientemente, el programa Artemis, fueran posibles sin que el mareo comprometiera la seguridad y el rendimiento de la tripulación. Su historia, aunque olvidada por muchos, es un recordatorio de que los mayores avances a menudo provienen de los lugares más inesperados y de héroes que nunca buscaron el reconocimiento.

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