SETI@home cerró su análisis final con 100 señales candidatas tras 14 años
Cinco millones de PCs procesaron datos de Arecibo y redujeron 12.000 millones de detecciones a 100 señales.
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Categoría: Tecnología
Durante más de dos décadas, una idea tan simple como poderosa convirtió ordenadores domésticos de medio planeta en una sola “máquina” científica: aprovechar los ratos muertos de millones de PCs para analizar el ruido del cosmos. Ese experimento colectivo se llamó SETI@home y hoy cierra su capítulo más importante con la publicación de su análisis final: tras procesar 14 años de observaciones del radiotelescopio de Arecibo (Puerto Rico), el equipo logró aislar 100 señales candidatas que podrían encajar, en teoría, con tecnofirmas.La historia tiene algo de postal de los 2000: bastaba instalar una pequeña aplicación y dejar que el ordenador trabajara en segundo plano, a menudo acompañado por aquel salvapantallas de gráficos con un pulso latente. Detrás del gesto cotidiano había una infraestructura enorme. Los datos que Arecibo registró mientras apuntaba a otros objetivos astrofísicos se dividían en paquetes pequeños y se distribuían por internet mediante BOINC. Más de cinco millones de voluntarios cedieron parte de la potencia de sus procesadores para revisar frecuencias y buscar patrones.El volumen fue descomunal. El sistema acumuló más de 12.000 millones de detecciones iniciales. A partir de ahí, la tarea consistía en encontrar “agujas” muy concretas: picos de energía, pulsos de banda estrecha y señales con estructuras repetitivas en el tiempo. El análisis se concentró en una banda de 2,5 MHz alrededor de 1,42 GHz, la conocida línea de transición del hidrógeno, considerada desde hace décadas un “canal” lógico para comunicaciones interestelares.Pero antes de soñar con mensajes alienígenas había que hacer el trabajo ingrato: limpiar. El espectro de radio está lleno de interferencias humanas —radares de aviación, televisión, telefonía móvil— que pueden imitar señales interesantes. La segunda fase del proyecto se centró en filtrar esa contaminación sin destruir posibles hallazgos reales. Aquí apareció uno de los aportes más curiosos del proyecto: los ‘birdies’, tecnofirmas simuladas por software que el equipo inyectó deliberadamente en la base de datos para comprobar si los algoritmos eran lo bastante sensibles. Si el filtro eliminaba esos ‘birdies’ o no sabía agruparlos, era una señal de alarma: también podría estar borrando candidatos auténticos.Con esa criba, el proyecto pasó de 12.107.039.965 detecciones a 100 señales concretas. El problema llegó después: Arecibo colapsó en diciembre de 2020, así que la fuente original ya no podía verificar nada. El relevo lo tomó FAST, en China, el radiotelescopio más grande y sensible de su tipo. Con 23 horas de observación dedicadas, FAST reobservó posiciones durante sesiones de unos 15 minutos, escaneando lentamente con los 19 haces de su receptor. La mejora de sensibilidad fue notable: entre 2,0 y 2,5 veces mejor que los datos originales de Arecibo.¿Conclusión? No hay contacto. Hasta la fecha, ninguna de las señales reobservadas ha demostrado ser una tecnofirma alienígena repetible o concluyente. Aun así, SETI@home deja un legado difícil de exagerar: democratizó la computación científica a gran escala, probó el músculo de la computación distribuida para el gran público y documentó un marco de trabajo abierto con límites de sensibilidad útiles para el futuro. Y, en radioastronomía, la inyección de ‘birdies’ como prueba integral del software queda como una de esas ideas ingeniosas que empujan la ciencia, incluso cuando la respuesta final es un honesto “todavía no”.