España acelera el almacenamiento eléctrico: enero de 2026 supera tres años de baterías conectadas
España conectó 57 MW de baterías en enero de 2026, impulsada por excedentes renovables y urgencia regulatoria.
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Categoría: Tecnología
España acaba de dar una señal clara de que el almacenamiento energético ha dejado de ser una promesa para convertirse en una prioridad. En los tres años completos entre 2023 y 2025, el país solo logró conectar a la red 50 megavatios (MW) de potencia en baterías. Pero en enero de 2026, en apenas 31 días, el sector enchufó más de 57 MW. No es un récord anecdótico: es el inicio de una fase distinta, marcada por la urgencia de guardar electricidad barata cuando sobra y liberarla cuando hace falta.El contexto explica el giro. El sistema eléctrico español viene de pasar un test de estrés: borrascas atlánticas encadenadas, producción eólica histórica, embalses al límite y precios mayoristas hundidos durante decenas de horas, incluso en negativo. La sobreoferta fue tan intensa que centrales nucleares como Trillo llegaron a parar al no resultar casadas en el mercado. Lo importante no fue la meteorología en sí, sino lo que dejó al descubierto: España puede generar muchísima electricidad limpia y barata, pero todavía no tiene suficientes “embalses electrónicos” para desplazar esa energía en el tiempo. El resultado se traduce en vertidos renovables, precios a cero y un sistema forzado a absorber excedentes a cualquier coste.El objetivo oficial está fijado: alcanzar 22,5 gigavatios (GW) de capacidad de almacenamiento en 2030, según el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC). Y los números muestran que proyectos hay. A cierre de enero, España contaba con menos de 100 MW de baterías operativas, pero ya tenía más de 11.600 MW con permiso de acceso concedido y casi 14.000 MW en tramitación, de acuerdo con el último informe de APPA Renovables. En total, más de 25.000 MW en la rampa de salida.Entonces, ¿qué frena el salto a escala industrial? La respuesta que más se repite en el sector no es tecnológica, sino normativa. José Carlos Díaz Lacaci, CEO de SotySolar, lo resume con una imagen muy clara: “Estamos aplicando reglas de una autopista de sentido único a un sistema bidireccional”. Hoy, la regulación trata la carga de una batería como si fuera el consumo de una fábrica, cuando en realidad la batería no “consume” en sentido clásico: mueve energía de unas horas a otras para aportar flexibilidad. Sin una figura regulatoria específica —con peajes, acceso y retribución adaptados— el despliegue avanza, sí, pero no con la velocidad que exige el PNIEC.Mientras tanto, el mercado ya se comporta como si esa figura existiera: las baterías cargan en horas de excedente solar y descargan en picos de demanda de forma natural. El problema, según el sector, es la falta de seguridad jurídica para financiar a gran escala. Y ahí aparece otra pieza clave: un mercado de capacidad que pague la disponibilidad de estos activos, no solo la energía vendida en momentos puntuales.España juega con dos grandes “pulmones” de almacenamiento. El primero son las baterías a gran escala (BESS), capaces de responder en milisegundos y estabilizar la red con una precisión difícil de igualar. El apetito inversor es evidente: además de los MW ya en permisos y tramitación, hay 92.620 MW de solicitudes de acceso de demanda en la red de transporte, gran parte vinculadas a almacenamiento. En el plano internacional, el país aparece como el segundo del mundo en proyectos de baterías para red eléctrica, solo por detrás de Estados Unidos, con 16.000 MW previstos hasta 2030 y un volumen estimado de 2.000 millones de euros en desarrollo.El segundo pulmón es el bombeo hidráulico, la “batería pesada” del sistema. España cuenta con cerca de 6 GW instalados y el PNIEC prevé llegar a alrededor de 10 GW de almacenamiento estacional en 2030. En momentos de sobreproducción y precios hundidos, estas centrales usan electricidad barata para elevar agua a un embalse superior y guardarla como energía potencial. Solo en enero de 2026, el consumo por bombeo superó los 771.400 MWh en el sistema nacional, según datos de Red Eléctrica.Pero también aquí hay deberes pendientes: para alcanzar los objetivos, el sector pide mercados de capacidad adaptados al bombeo, menor carga fiscal y concesiones hidráulicas con horizontes lo bastante largos como para recuperar inversiones.El reloj corre porque la incertidumbre tiene un coste inmediato. Desde la industria advierten de que fondos internacionales ya están congelando proyectos en la península para priorizar Italia, Reino Unido o Alemania, donde el encaje regulatorio del almacenamiento está más definido. La paradoja sería difícil de justificar: tirar energía limpia mientras el capital se marcha.En el fondo, lo que está en juego es una oportunidad país. Con excedentes renovables cada vez más frecuentes, el almacenamiento deja de ser un complemento y pasa a ser la infraestructura que decide si la electricidad barata se aprovecha o se desperdicia. Enero de 2026 ha demostrado que el sector puede moverse rápido. Ahora falta que la regulación deje de mirar al siglo XX y habilite, de una vez, un sistema eléctrico realmente bidireccional.