Petra revela una ingeniería del agua inesperada: tuberías de plomo y sifón invertido nabateo
Un hallazgo en el acueducto Ain Braq muestra tuberías de plomo y control de presión avanzado en Petra.
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Fuente: https://images.pexels.com/photos/31502428/pexels-photo-31502428.jpeg?auto=compress&cs=tinysrgb&h=650&w=940
Categoría: Tecnología
Petra, la ciudad nabatea esculpida en las rocas rojizas del actual territorio de Jordania, lleva décadas fascinando por su arquitectura monumental. Sin embargo, su verdadero “tesoro” no estaba solo en las fachadas talladas: también circulaba por debajo y a través de la piedra. Un equipo de arqueólogos ha encontrado evidencias que obligan a revisar lo que creíamos saber sobre la ingeniería urbana de Petra, especialmente sobre cómo logró prosperar —y no simplemente resistir— en un entorno desértico.El hallazgo se ha publicado en la revista Levant y lo firma el equipo liderado por el arqueólogo Niklas Jungmann. La investigación se centra en el acueducto de Ain Braq, tras prospecciones iniciadas en 2023. Allí, los investigadores han documentado un entramado hidráulico que desafía las ideas previas sobre el nivel tecnológico alcanzado en el Próximo Oriente antiguo.El punto más llamativo es la identificación de un conducto secundario formado por tuberías de plomo que se extiende a lo largo de unos 116 metros. Este detalle no es menor: el uso de plomo en conducciones de agua es extraordinariamente raro fuera de contextos muy específicos, como edificios complejos o grandes termas romanas. En Petra, además, no aparece como una solución aislada o improvisada, sino como una pieza integrada dentro de un sistema mixto: canales abiertos tallados directamente en la roca natural combinados con conducciones metálicas de alta precisión.¿Para qué servía? Según el estudio, este tramo de plomo permitía regular con gran exactitud la presión y el flujo del agua. Los investigadores proponen que funcionaba mecánicamente como un sifón invertido, una solución técnica capaz de salvar desniveles pronunciados en el terreno sin que la infraestructura colapsara. En un paisaje abrupto, donde la presión puede convertirse en un enemigo de cualquier canalización, esa capacidad de mantener el impulso del agua marca la diferencia entre un suministro fiable y un sistema condenado a fallar.Y no se trataba de una obra aislada. El conjunto incluye nueve conductos, un gran embalse, dos cisternas y siete depósitos menores. Todo estaba orientado a una misión clara: captar un recurso escaso, minimizar la evaporación y garantizar el abastecimiento de una ciudad en condiciones climáticas implacables.El trabajo también sugiere que el sistema de acueductos pasó por al menos dos grandes fases. En la primera, el plomo —caro y exigente— habría sido clave, y los expertos lo vinculan con la época del rey nabateo Aretas IV. En ese periodo, esta infraestructura habría sido decisiva para sostener espacios monumentales como el Gran Templo. En una segunda etapa, se instaló un conducto de terracota junto al original, una transición hacia un material más económico y fácil de reemplazar. Lejos de indicar retroceso, esta decisión apunta a una ingeniería práctica, flexible y pensada para durar.La conclusión es contundente: Petra no fue solo una ciudad espectacular por lo que talló en roca, sino por lo que supo hacer con el agua. Estas pruebas obligan a historiadores y arqueólogos a replantearse el nivel de desarrollo tecnológico que se le atribuía a la civilización nabatea. En el desierto, la arquitectura impresiona; pero la hidráulica, al final, es lo que permite que una ciudad viva.