S O Y R E P O R T E R O

El día que la CIA intentó robar un submarino nuclear soviético a 5.000 metros con una garra gigante.

La increíble historia del Proyecto Azorian: la misión secreta de la CIA para recuperar un submarino soviético del fondo del Pacífico.

Publicado por: Eder Muñoz (edercmf)

2026/05/03 | 02:48

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El día que la CIA intentó robar un submarino nuclear soviético a 5.000 metros con una garra gigante.

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Categoría: Tecnología

#Innovación #Relaciones Internacionales #Casa Blanca

El día que la CIA intentó robar un submarino del fondo del océano

En plena década de 1970, el Océano Pacífico fue testigo de una de las operaciones de espionaje más audaces y tecnológicamente complejas de la historia. Mientras buques soviéticos vigilaban de cerca al gigantesco navío estadounidense Hughes Glomar Explorer, su tripulación simulaba una rutinaria misión de minería. Sin embargo, bajo esa fachada, se estaba llevando a cabo el Proyecto Azorian: un intento sin precedentes de robar un submarino nuclear soviético hundido a más de 5.000 metros de profundidad.

El origen de una misión imposible

Todo comenzó en 1968, cuando el submarino soviético K-129, cargado con misiles balísticos nucleares y tecnología de cifrado, desapareció misteriosamente en el Pacífico. Tras una infructuosa búsqueda de dos meses, la Unión Soviética lo dio por perdido. Pero Estados Unidos, utilizando una red de hidrófonos de su Fuerza Aérea, localizó el pecio a unos 2.400 kilómetros al noroeste de Hawái. La profundidad, 5.030 metros, convertía cualquier intento de rescate en una proeza tecnológica que parecía sacada de la ciencia ficción. A pesar de ello, el valor estratégico de los secretos que albergaba era incalculable.

Un teatro de sombras en alta mar

La CIA, consciente de la imposibilidad de llevar a cabo una operación así en secreto, diseñó una de las tapaderas más elaboradas de la Guerra Fría. Se anunció al mundo que el excéntrico millonario Howard Hughes financiaría una revolucionaria misión de minería submarina para extraer nódulos de manganeso del lecho marino. Esta historia, apoyada por la reputación de Hughes, fue tan convincente que generó expectativas reales en el mercado y en el ámbito académico.

La 'garra' y el Glomar Explorer

Para esta misión se construyó el Hughes Glomar Explorer, un buque único en su clase. Su verdadero propósito no era la minería, sino albergar un sistema de recuperación secreto. El corazón de la operación era una gigantesca garra mecánica, apodada 'Clementine', diseñada para descender a través de una abertura en el casco del barco (conocida como 'piscina lunar'). Esta garra debía sujetar el submarino y elevarlo hasta el interior del Glomar Explorer, todo ello oculto de la vista de curiosos y, sobre todo, de los satélites y barcos soviéticos.

La operación y su desenlace agridulce

En el verano de 1974, tras años de preparación, el Glomar Explorer se posicionó sobre el K-129 y la operación de rescate comenzó. La garra descendió con éxito y logró sujetar una sección del submarino. El lento y tenso proceso de izado se prolongó durante días. Sin embargo, a mitad del ascenso, una de las patas de la garra cedió debido a una falla estructural. Gran parte del submarino se partió y se precipitó de nuevo a las profundidades, perdiéndose para siempre.

Un botín incompleto pero valioso

A pesar del fallo, la misión no fue un fracaso total. La sección recuperada del K-129 contenía los cuerpos de seis marineros soviéticos, que fueron enterrados en el mar con honores militares en una ceremonia filmada por la CIA. Aunque los misiles nucleares y los libros de códigos se perdieron en su mayoría, la información obtenida de la sección del casco y otros elementos rescatados proporcionó valiosos datos de inteligencia. Los detalles exactos de lo que se recuperó siguen siendo material clasificado.

El legado del Proyecto Azorian

La historia se filtró a la prensa en 1975, forzando al gobierno estadounidense a dar una respuesta. En lugar de admitir o desmentir los hechos, la CIA acuñó una frase que se convertiría en un icono del mundo del espionaje: 'Ni confirmamos ni negamos'. Esta fórmula permitió a Washington evitar una crisis diplomática con Moscú y se ha utilizado desde entonces para gestionar información sensible.

El Proyecto Azorian, aunque parcialmente fallido, dejó una profunda huella en la historia. Demostró que los límites de la ingeniería y la audacia podían ser empujados hasta extremos inimaginables, sentando precedentes para futuras operaciones en aguas profundas. Décadas después, sigue siendo el testimonio de una era en la que la carrera por la supremacía tecnológica y estratégica entre superpotencias no conocía límites.

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