El hombre que no quería ser milmillonario
Sam Altman, el rostro de la revolución de la inteligencia artificial y CEO de OpenAI, la compañía valorada en 852.000 millones de dólares, no posee ni una sola acción de su propia empresa. Un documento filtrado durante el litigio entre Altman y Elon Musk ha desvelado una realidad impactante: mientras los cofundadores y primeros inversores se han convertido en milmillonarios, la casilla junto al nombre de Altman muestra tres letras: TBD, 'por determinar'. El líder de la mayor disrupción tecnológica de nuestra era, al menos en papel, trabaja por amor al arte.
La nobleza que se quedó atrás
OpenAI nació en 2015 como una organización sin ánimo de lucro con la misión de desarrollar una IA segura para el bien de la humanidad. En ese contexto, que Altman no tuviera participación accionarial tenía sentido. Se posicionaba como un guardián neutral, un líder cuyas decisiones no estarían influenciadas por el dinero. Sin embargo, el panorama cambió drásticamente en 2019, cuando OpenAI creó una filial con ánimo de lucro bajo un modelo de 'beneficio limitado' para poder competir en la costosa carrera de la IA. Esta puerta abrió el paso al capital, y con él, a las fortunas.
Los que sí se hicieron de oro con ChatGPT
El documento judicial no deja lugar a dudas sobre quiénes son los grandes ganadores. Los detalles son asombrosos y muestran la magnitud de la riqueza generada.
Los cofundadores y sus fortunas
Mientras Altman figura con un salario anual de 76.001 dólares, sus socios fundadores han visto sus vidas transformadas:
- Greg Brockman: Cofundador y expresidente de OpenAI, posee una participación valorada en unos 30.000 millones de dólares, por la cual no pagó nada.
- Ilya Sutskever: El exdirector científico, figura clave en la crisis de liderazgo de 2023, tiene una participación que oscila entre los 30.000 y 35.000 millones de dólares.
En conjunto, los empleados y exempleados de la compañía controlan acciones por un valor aproximado de 165.000 millones de dólares.
Los inversores que apostaron y ganaron a lo grande
El bloque de inversores corporativos es el otro gran beneficiado, controlando un 46,58% de la empresa, lo que equivale a 396.900 millones de dólares. La distribución es la siguiente:
- Microsoft: Lidera con un 26,79% de la empresa (valorado en 228.300 millones) tras una inversión inicial de 13.000 millones.
- SoftBank: Posee el 11,66% (99.300 millones) con una inversión de 64.600 millones.
- Amazon: Tiene un 4,66% (39.700 millones) a partir de una inversión de 15.000 millones.
Incluso el fondo Sound Ventures, del actor Ashton Kutcher, transformó una inversión de 30 millones en 1.300 millones, multiplicando su apuesta por 43.
¿Un sacrificio o un movimiento calculado?
La ausencia de Altman en el accionariado ha desatado todo tipo de teorías, pero la más sólida apunta a una estrategia maestra. Con un consejo de administración que ahora controla con puño de hierro tras sobrevivir al intento de destitución en 2023, es probable que Altman esté simplemente esperando el momento oportuno. Una vez finalice el litigio con Musk, el consejo podría determinar retroactivamente una participación acorde a su rol fundamental en la compañía. Esta compensación podría vincularse a hitos futuros, como sacar la empresa a bolsa superando el billón de dólares de valoración. Curiosamente, la Fundación OpenAI, la entidad sin ánimo de lucro original, posee el 25,80% de la empresa (219.800 millones de dólares), un fondo que técnicamente tiene un retorno infinito y podría ser la clave de la futura retribución de Altman. Mientras tanto, con un patrimonio personal que ya supera los 2.000 millones de dólares gracias a inversiones estratégicas en empresas que se benefician del ecosistema OpenAI, una cosa está clara: Sam Altman no está perdiendo el juego, probablemente lo esté reinventando.