La decisión que costó un imperio: Intel rechazó el chip del iPhone y ahora Apple vuelve con una propuesta inesperada.
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La decisión que costó un imperio: Intel rechazó el chip del iPhone y ahora Apple vuelve con una propuesta inesperada.

Intel rechazó fabricar el chip del iPhone por ser 'poco rentable'. Una década después, Apple podría volver a buscarles.

El "no" que costó un imperio tecnológico

En la historia de la tecnología, existen decisiones que, con el tiempo, revelan su verdadero peso en oro o, en este caso, en miles de millones de dólares perdidos. Una de las más emblemáticas fue la de Intel, el gigante de los microprocesadores, al rechazar la oportunidad de fabricar el corazón del primer iPhone. Paul Otellini, entonces CEO de Intel, confesó años después el amargo secreto: dijeron "no" a Steve Jobs.

La propuesta de Apple no encajaba en los modelos de negocio de Intel. Querían un precio fijo por chip, unos céntimos por debajo de los costes que Intel proyectaba. Sin saber qué era exactamente el iPhone, y con los números en contra, Otellini tomó la decisión lógica, pero históricamente errónea. "El volumen fue cien veces superior a lo que nadie pensaba", admitiría más tarde. Ese día, Intel dejó escapar el tren que definiría la próxima década de la informática.

La era Post-PC y el dominio de ARM

Mientras Intel dominaba el mercado de los PC, con los Mac de Apple como uno de sus clientes más rentables tras la transición de 2005, una revolución silenciosa estaba en marcha. El rechazo de Intel llevó a Apple a los brazos de Samsung y la arquitectura ARM, una plataforma optimizada para la eficiencia energética, un factor clave en dispositivos móviles.

Apple no se detuvo ahí. Su verdadera estrategia siempre fue la independencia. Con la adquisición de empresas como PA Semi e Intrinsity, comenzó a diseñar sus propios procesadores. El lanzamiento del chip A4 en 2010 con el primer iPad y el iPhone 4 fue el punto de no retorno. Apple ya no necesitaba a nadie para diseñar el cerebro de sus dispositivos más importantes, sellando el destino de Intel en el mercado móvil antes de que pudiera siquiera competir.

El ocaso de un gigante: una sangría de 10.000 millones

Intel no se rindió sin luchar, pero su lucha fue costosa y fútil. La compañía invirtió más de 10.000 millones de dólares en un ambicioso plan para posicionar sus chips móviles, llegando a subvencionar a fabricantes para que usaran su tecnología. Sin embargo, la inercia del mercado y el dominio de la arquitectura ARM eran ya insuperables.

Su única y precaria presencia en el iPhone terminó siendo la de proveedor de módems LTE, un negocio que también acabaría en manos de Apple tras una compra de 1.000 millones de dólares en 2019. Fue el epílogo amargo de una historia de oportunidades perdidas. Intel había sido expulsado de todas las formas posibles del dispositivo más rentable del planeta.

El golpe definitivo: la venganza de Apple Silicon

El círculo se cerró de la forma más devastadora en 2020. Apple anunció la transición de sus ordenadores Mac a sus propios chips, bajo el nombre de Apple Silicon. Dejaban atrás la arquitectura x86 de Intel, que había sido el estándar durante 15 años. Los nuevos Mac no solo eran más potentes, sino mucho más eficientes, demostrando que el enfoque de Apple en la integración total de hardware y software era el camino a seguir. Para Intel, fue la pérdida de un cliente icónico y la confirmación de que la era que ellos habían dominado llegaba a su fin.

Un giro inesperado: ¿Apple vuelve a tocar la puerta de Intel?

Y cuando parecía que la historia estaba escrita, el guion da un giro inesperado. La nueva carrera por la inteligencia artificial ha puesto a los fabricantes de chips como TSMC, el principal socio de Apple, bajo una presión inmensa. Con Nvidia convirtiéndose en cliente prioritario y la concentración de la producción en Taiwán generando riesgos geopolíticos, Apple necesita diversificar su cadena de suministro.

Aquí es donde Intel vuelve a entrar en escena. Se reporta que Apple está explorando la posibilidad de que Intel Foundry, la nueva división de fabricación de Intel, produzca sus chips de gama base. Las ventajas para ambos serían enormes:

  • Para Apple: diversificación estratégica, reducción del riesgo geopolítico y una victoria política al traer producción a occidente.
  • Para Intel: la validación definitiva de su estrategia como fabricante para terceros y un cliente del calibre de Apple para revitalizar su negocio.

Las conversaciones son tempranas, pero el simple hecho de que existan es una ironía monumental. El gigante que rechazó al iPhone por unos céntimos podría ahora encontrar su salvación fabricando chips para el hijo pródigo que una vez dejó escapar. La tecnología, como la vida, está llena de segundas oportunidades inesperadas.

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