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Chimpancés salvajes y fruta fermentada: nuevas pruebas apoyan la hipótesis evolutiva del alcohol

Un estudio en Uganda detecta biomarcadores de etanol en chimpancés y refuerza el origen evolutivo del gusto humano.

Publicado por: admin (soyreportero)

2026/02/26 | 19:25

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Chimpancés salvajes y fruta fermentada: nuevas pruebas apoyan la hipótesis evolutiva del alcohol

Fuente: https://images.pexels.com/photos/819370/pexels-photo-819370.jpeg?auto=compress&cs=tinysrgb&h=650&w=940

Categoría: Tecnología

Si hoy hiciéramos un control de alcoholemia a un chimpancé salvaje, lo más probable es que “diera positivo”. No porque haya encontrado una botella escondida, sino por algo mucho más cotidiano: fruta madura con azúcares que fermentan de forma natural gracias a microbios. Esta idea, que durante años ha alimentado debates sobre si nuestra atracción por el alcohol es un accidente evolutivo o una herencia directa de nuestros ancestros primates, acaba de ganar un respaldo sólido.

Un nuevo estudio, liderado por investigadores de la Universidad de California, se fue hasta el Parque Nacional de Kibale, en Uganda, para observar y monitorizar a chimpancés en libertad. En lugar de recurrir a análisis invasivos, el equipo optó por un enfoque más respetuoso con los animales: analizar la orina de 19 chimpancés salvajes. El objetivo no era buscar etanol “en bruto”, sino un biomarcador muy específico, el etilglucurónido, que indica que el organismo ha procesado alcohol.

La clave de la historia está en la dieta. Durante la investigación, los chimpancés se alimentaron casi exclusivamente de una especie del dosel conocida como manzana estrellada africana. Al analizar esta fruta, los científicos encontraron alcohol en torno al 0,09%, aunque en algunas cosechas la proporción podía llegar al 0,4%. Dicho de otra forma: no es una bebida alcohólica como la entendemos, pero sí una fuente constante y repetida de etanol a lo largo del día.

Los resultados fueron llamativos. De 20 muestras individuales de orina, 17 dieron positivo en etilglucurónido por encima de 300 ng/ml. Y, en un subconjunto de 11 muestras positivas, 10 también superaron un umbral clínico más exigente de 500 ng/ml. Traducido a consumo, los investigadores estiman una dosis media de 14 gramos de etanol diarios en estos chimpancés: en términos humanos, aproximadamente una copa y media al día.

Este hallazgo aporta una base fisiológica muy potente a la conocida hipótesis del “mono borracho”. La idea es que nuestros ancestros habrían desarrollado una adaptación para localizar fruta madura —más calórica— guiándose por el olor del etanol detectable a larga distancia. Es decir, lo que hoy asociamos al placer o al hábito podría haber empezado como una ventaja de supervivencia.

El problema, señalan los investigadores, es el desajuste evolutivo. Nuestros antepasados consumían etanol en bajas concentraciones de forma crónica, integrado en una dieta basada en fruta. En cambio, los humanos actuales tenemos acceso a alcohol destilado en cantidades masivas, desligado de cualquier necesidad de alimentación o búsqueda de calorías.

Más allá de lo que dice sobre nosotros, el estudio también cambia cómo entendemos la ecología alimentaria de los primates. Y abre una puerta interesante: investigar si este consumo natural de alcohol influye en el comportamiento social de los chimpancés, desde la agresividad hasta la reproducción. En otras palabras, no solo estamos ante una curiosidad biológica, sino ante una pista concreta sobre cómo la dieta y la evolución pueden moldear conductas que todavía nos acompañan.

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