S O Y R E P O R T E R O

Sophia Space apuesta por servidores ultrafinos con enfriamiento pasivo para computación en órbita

La startup recaudó 10 millones y probará sus módulos TILEs para enfriar procesadores en órbita hacia 2027.

Publicado por: admin (soyreportero)

2026/02/26 | 21:57

Calificación

0 / 5 (0 votos)

Reportes

0

Sophia Space apuesta por servidores ultrafinos con enfriamiento pasivo para computación en órbita

Fuente: https://images.pexels.com/photos/256379/pexels-photo-256379.jpeg?auto=compress&cs=tinysrgb&h=650&w=940

Categoría: Tecnología

El futuro de la computación en el espacio no se juega solo en potencia de cálculo. Se decide, sobre todo, en un detalle que suena simple pero es un dolor de cabeza para cualquier ingeniero: cómo enfriar chips cada vez más avanzados cuando no hay aire que se lleve el calor. Jensen Huang, CEO de Nvidia, lo resumió con una frase que pone el problema en perspectiva: “Hace frío en el espacio… pero no hay flujo de aire, y la única forma de disipar es por conducción”.

En ese contexto aparece Sophia Space, una startup que acaba de levantar 10 millones de dólares de inversores como Alpha Funds, KDDI Green Partners Fund y Unlock Venture Partners. Su plan es concreto: primero demostrar en tierra un enfoque nuevo de enfriamiento pasivo para computadoras espaciales y, después, comprar un “satellite bus” a Apex Space para validar en órbita que el sistema funciona. El objetivo que se han marcado es ambicioso pero con calendario: finales de 2027 o principios de 2028.

Mientras compañías como SpaceX, Google o Starcloud exploran constelaciones con formatos satelitales más tradicionales —donde grandes radiadores mantienen los chips dentro de rangos térmicos seguros—, Sophia Space apuesta por una arquitectura distinta. Sus fundadores, el CTO Leon Alkalai, el CEO Rob DeMillo y el chief growth officer Brian Monnin, se apoyan en una idea que viene de un origen poco habitual: un programa con 100 millones de dólares de dotación en Caltech que investigaba plantas solares orbitales capaces de enviar electricidad a la Tierra.

De ese trabajo surgió un diseño tipo “vela”: delgado y flexible, lejos del satélite “caja” clásico. Aunque producir energía para la Tierra sigue enfrentando barreras técnicas y regulatorias, Alkalai —fellow en el Jet Propulsion Laboratory administrado por Caltech— vio otra oportunidad: usar ese formato para alimentar y, sobre todo, para gestionar el calor de procesadores en el espacio. La intuición no es aislada: Aetherflux, otra startup de energía solar espacial, habría llegado a una conclusión parecida.

Sophia, que además es partner de Nvidia, diseñó racks de servidores modulares con paneles solares integrados llamados TILEs. Cada TILE mide 1 metro por 1 metro y tiene apenas unos centímetros de profundidad. La clave está en ese perfil ultrafino: según DeMillo, permite que los procesadores se apoyen contra un “heat spreader” pasivo, reduciendo la necesidad de refrigeración activa. En números, el equipo espera que el 92% de la energía generada se destine al procesamiento, una mejora relevante frente a diseños tradicionales donde una parte importante del presupuesto energético se va en mantener la temperatura.

Ese ahorro, sin embargo, no llega gratis. El enfoque requiere un sistema de software sofisticado para repartir y equilibrar la actividad entre procesadores, de modo que el calor no se concentre en puntos críticos.

La visión a largo plazo es todavía más grande: para la década de 2030, Sophia imagina centros de datos espaciales construidos con miles de TILEs. Hablan de una estructura de 50 por 50 metros capaz de entregar 1 MW de potencia de cómputo. DeMillo sostiene que intentar centros de datos en órbita con sistemas menos eficientes no será económicamente viable, y que una estructura única —en lugar de una red distribuida enlazada por láser— podría ser más fácil de ejecutar.

Antes de llegar a ese “megacentro” espacial, la estrategia inicial apunta a un mercado más inmediato: vender TILEs como solución de cómputo en órbita para operadores satelitales. Ahí entran casos de uso con urgencia real: satélites de observación terrestre que capturan enormes volúmenes de datos, sistemas de alerta y seguimiento de misiles en los que el Pentágono está invirtiendo miles de millones, o redes de comunicaciones cada vez más complejas.

DeMillo lo describe sin rodeos: “El pequeño secreto sucio de la industria satelital es que tenemos sensores increíbles allá arriba que producen terabytes, o incluso petabytes, de datos cada pocos minutos, y tiran la mayor parte porque no pueden computar a bordo y no pueden hacer el ida y vuelta con la superficie lo suficientemente rápido”. Si Sophia Space logra que ese procesamiento ocurra en el espacio —sin derrochar energía en refrigeración—, el cambio no sería solo técnico: podría redefinir qué datos se conservan, cuáles se analizan en tiempo real y qué decisiones se toman sin esperar a que la información baje a la Tierra.

Otras noticias

Comentarios (0)

Aún no hay comentarios para esta noticia.