Cornwall busca convertirse en el corazón del litio británico con geotermia y minería
Reino Unido activa sus primeras plantas de litio en Cornwall, pero escalar producción exige miles de millones y consenso social.
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Categoría: Tecnología
Cornwall, en el suroeste del Reino Unido, parece a simple vista un lugar detenido en el tiempo: colinas verdes, memoria minera y restos de antiguas explotaciones de estaño y cobre que llevan siglos formando parte del paisaje. Pero bajo esa postal se esconde un recurso que hoy decide buena parte del futuro industrial de Europa. En 2021, Boris Johnson lo resumió con una frase llamativa: el “Klondike del litio”. Cinco años después, la idea ha dejado de ser un eslogan y empieza a tomar forma, aunque con un precio que asusta.El avance más tangible llega por dos vías distintas. Por un lado, Cornish Lithium ha puesto en marcha su primera planta de demostración comercial para extraer litio de roca dura en antiguas minas de arcilla (caolín), según ha recogido Financial Times. Es un paso importante porque demuestra que la minería doméstica a gran escala no es solo una promesa: puede funcionar técnicamente.Por otro lado, la apuesta más singular mezcla extracción y energía renovable en un mismo circuito. A kilómetros de profundidad, el agua sobrecalentada que circula por las fracturas del granito de Cornwall contiene litio disuelto. La central de United Downs, operada por Geothermal Engineering Ltd (GEL), ya ha logrado un hito doble: generar electricidad a partir del calor de la Tierra y, al mismo tiempo, producir el primer suministro doméstico de litio extraído de esos fluidos, como ha explicado la BBC.El proceso, descrito por The Guardian, tiene algo de ingeniería elegante: se bombea salmuera a unos 200 °C, se aprovecha su calor para mover turbinas, se extrae el litio de forma química y se reinyecta el agua ya fría al subsuelo. Las cifras actuales son modestas —alrededor de 100 toneladas al año, suficientes para unos 1.400 coches eléctricos—, pero la ambición es enorme: escalar hasta 18.000 toneladas anuales.La motivación no es solo climática; es geoestratégica. Occidente busca reducir su dependencia de China en la cadena de suministro de metales críticos. Y los números explican la urgencia: China procesa el 80% del litio mundial y el 95% del grafito. Además, ha triplicado sus reservas de litio, pasando del 6% al 16,5% del total mundial gracias a nuevos hallazgos en lagos salados. En este contexto, producir litio en casa significa, también, ganar margen de maniobra industrial.El problema es que independizarse cuesta. Mucho. GEL ya ha necesitado 50 millones de libras para su proyecto, según BBC, y eso es solo el inicio. Perforar a kilómetros de profundidad, levantar plantas de procesamiento y sostener operaciones continuas requiere inversiones gigantescas en un mercado volátil. La prueba está en el tropiezo reciente de Imerys British Lithium (IBL): su proyecto, que aspiraba a convertirse en el mayor centro de litio del país, se ha paralizado por limitaciones de financiación y por las difíciles condiciones del mercado.A ese muro financiero se suma otro igual de duro: el social. En St Dennis, por ejemplo, la expansión de una mina a cielo abierto en la antigua cantera de Trelavour obliga a retirar grandes montañas de residuos de arcilla. Para la empresa son escombros que bloquean el acceso al litio; para el pueblo son parte de su identidad desde el siglo XIX. Los vecinos incluso les han puesto nombre: Flatty y Pointy. La escena retrata el dilema central de la transición verde: la promesa climática es global, pero el impacto se vive en un código postal.Este choque no es exclusivo del Reino Unido. En España, la tensión entre urgencia industrial y rechazo local también marca el ritmo. La Unión Europea ha movilizado 22.000 millones de euros para apoyar 47 proyectos estratégicos y reducir dependencias, con siete iniciativas en suelo español, tres de ellas en Extremadura. Sin embargo, el síndrome NIMBY (“no en mi patio trasero”) sigue pesando: la polémica mina de litio de Cáceres se ha quedado fuera de esas ayudas por la fuerte oposición vecinal y ecologista, una presión que ya ha frenado proyectos similares en Ávila.Mientras Europa discute permisos, escombreras y consensos, China compite con otra velocidad. Fatih Birol, director de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), ha recordado que poner en marcha una mina operativa lleva de media 17 años. Y el reloj aprieta todavía más por otros cuellos de botella: la AIE advierte de que para 2035 podría haber un déficit del 30% en el suministro de cobre, un material sin el cual no hay redes eléctricas que aguanten la electrificación.El “despertar” del litio británico en Cornwall resume el desafío occidental con una claridad incómoda. Sí, el tesoro está bajo los pies. Pero extraerlo implica miles de millones, años de obra, incertidumbre de mercado, conflictos locales y una carrera contra una cadena de suministro dominada por Pekín. El litio promete el futuro; desenterrarlo, por ahora, se parece más a una prueba de resistencia económica y social que a una victoria rápida.