EEUU veta a Anthropic y el Pentágono firma con OpenAI: choque por IA y seguridad militar
Anthropic entra en la lista negra de EEUU tras rechazar exigencias del Pentágono; OpenAI asume el contrato militar.
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Categoría: Tecnología
El ultimátum del Pentágono a Anthropic tenía hora y minuto: 17:01 del viernes 27 de febrero. La exigencia era clara y, a la vez, explosiva: permitir el uso sin límites de sus modelos de IA para “aplicaciones de todo tipo”, incluidas tareas de espionaje y usos militares. Anthropic, la empresa liderada por Dario Amodei y creadora de Claude, respondió que no. Y en cuestión de horas, la respuesta de Washington fue aún más contundente: Estados Unidos la considera ahora un “riesgo para la cadena de suministro”.La etiqueta no es un simple tirón de orejas. Según comunicó el secretario de Guerra de Estados Unidos, Pete Hegseth, la sanción entra en vigor de forma inmediata y coloca a Anthropic en un terreno donde hasta ahora se veían sobre todo a compañías de países rivales. El ejemplo que sobrevuela la conversación es Huawei: un nivel de castigo que no solo afecta a la empresa, sino también a cualquiera que haga negocios con ella.En la práctica, el Departamento de Defensa rescinde su contrato con Anthropic, valorado en hasta 200 millones de dólares. Además, ningún contratista, proveedor o socio que trabaje con las Fuerzas Armadas de EEUU podrá mantener actividad comercial con Anthropic. Habrá un periodo de transición de seis meses para migrar desde Claude a otras alternativas, pero el mensaje es inequívoco: quien quiera estar en el ecosistema de defensa estadounidense, no puede depender de Anthropic.El choque llega por una línea roja que la compañía dice no querer cruzar: el riesgo de vigilancia civil masiva y el desarrollo de armas capaces de disparar sin intervención humana. Anthropic ya ha anunciado que impugnará la decisión, aunque queda por ver el coste real de sostener esa postura cuando el veto se extiende a socios y contratistas.Y el relevo no ha tardado. Pocas horas después, Sam Altman anunció el acuerdo con el Pentágono para desplegar modelos de OpenAI en su red clasificada. Altman aseguró que el Departamento de Defensa mostró un “profundo respeto por la seguridad” y que el pacto se alinea con principios como prohibir la vigilancia masiva nacional y mantener responsabilidad humana en el uso de la fuerza, incluso en sistemas de armas autónomas. OpenAI, dijo, aplicará salvaguardas técnicas para garantizar el comportamiento correcto de los modelos.El giro deja daños colaterales. Proyectos como Palantir, que usa Claude, quedan en una posición incómoda. Y, entre bambalinas, Axios señala que el subsecretario de Defensa, Emil Michael, negociaba con Anthropic un acuerdo que habría permitido recolectar o analizar datos de ciudadanos estadounidenses —ubicación, navegación web o información financiera— justo antes de que Hegseth hiciera público el golpe. Por ahora, no está claro si ese interés se trasladará también a OpenAI. Lo que sí queda claro es que la batalla por quién pone la IA en manos del Estado ya no es solo tecnológica: es política, estratégica y, sobre todo, de poder.