EEUU prueba drones de escolta para mercantes: el sistema Pulling Guard de DARPA
DARPA y Raytheon impulsan Pulling Guard, drones remolcados que vigilan y podrían defender buques civiles en rutas críticas.
Calificación
0 / 5 (0 votos)
Fuente: https://images.pexels.com/photos/8566628/pexels-photo-8566628.jpeg?auto=compress&cs=tinysrgb&h=650&w=940
Categoría: Tecnología
Los mares se han convertido en un tablero de ajedrez cada vez más tenso, y no solo por tormentas. El mar Negro sigue marcado por la guerra entre Rusia y Ucrania; el Báltico vive episodios de “guerra híbrida” y flotas fantasma; el estrecho de Ormuz concentra el paso de cerca del 20% del petróleo mundial; y el Mar Rojo se ha vuelto un corredor de alto riesgo por ataques con drones y misiles. En ese contexto, los buques mercantes y logísticos —la columna vertebral del comercio— se enfrentan a una realidad incómoda: navegar es más peligroso y, a la vez, más caro.El caso que ha encendido todas las alarmas es el estrecho de Bab el-Mandeb. Por allí transita aproximadamente el 12% del comercio marítimo mundial, según el Centro de Investigación de Oriente Próximo. Pero desde 2023, cruzarlo se parece más a atravesar un campo de minas. El resultado ha sido un desvío masivo: miles de embarcaciones, según Wikipedia citando fuentes del Pentágono, han optado por rodear África pasando por el Cabo de Buena Esperanza. La factura es enorme: unos 20.000 kilómetros extra, alrededor de diez días más de viaje y un golpe directo al gasto en combustible.Enviar escoltas navales a cada ruta caliente no es realista. Es lento, cuesta una fortuna y no hay suficientes efectivos para sostener esa protección de forma permanente. Por eso la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada de Defensa de Estados Unidos (DARPA) ha recurrido a Raytheon para buscar una alternativa: un sistema de escolta autónoma que no requiera tripulación extra ni modificaciones estructurales del barco.La apuesta se llama Pulling Guard. No es un “escudo invisible” ni un simple sistema de alerta: es una plataforma semiautónoma remolcada por el propio buque que protege. Desde esa unidad opera un dron equipado con sensores electroópticos e infrarrojos, capaz de detectar amenazas potenciales y enviar información en tiempo real a operadores remotos, ya sea en tierra o a bordo. La idea es clara: que las decisiones se tomen sin exponer a la tripulación.El plan contempla dos fases. Primero, vigilancia avanzada. Después, la integración de armamento. Ahí es donde Pulling Guard deja de ser un observador y se convierte, en la práctica, en una unidad de combate autónoma ligera acoplada a un barco civil.Quedan incógnitas importantes: presupuesto, calendario y tipo de armamento. Pero el verdadero nudo está en lo legal y lo político. ¿Qué reglas de enfrentamiento aplican si un operador remoto autoriza fuego? ¿Quién asume la responsabilidad jurídica de un ataque? ¿Qué ocurre si actúa en aguas de un tercer Estado? Y, en lo cotidiano, aparecen dudas igual de serias: registros de bandera, aseguradoras y una pregunta que puede cambiarlo todo: ¿sigue siendo “civil” un buque que porta un sistema de combate como este?