La génesis de un símbolo controvertido en Santa Cruz
En el corazón de Santa Cruz de Tenerife, se alza un monumento de bronce y piedra que, desde su erección en 1966, ha sido más que una simple escultura: es un epicentro de controversia, un vestigio de una época que se niega a pasar página. Nos referimos al imponente Monumento a Franco, una obra de diez metros esculpida por Juan de Ávalos, concebida para glorificar el golpe de Estado de 1936 y la figura del entonces capitán general de las Canarias, Francisco Franco.
Este monumento, ubicado junto al Fuerte de Almeyda, no fue una creación modesta. La propaganda franquista lo celebró con una euforia que buscaba consolidar un mensaje triunfalista, a pesar de que el propio Franco, según documentos recientemente difundidos, no consideró necesaria su construcción, expresando gratitud pero restándole importancia. Paradójicamente, esta pieza, que representa un ángel volador guiñando al avión Dragon Rapide –símbolo del inicio de la insurrección militar–, encarna explícitamente la insurrección militar, tal como subraya el historiador Ángel Viñas.
El debate sobre su destino no es nuevo, pero ha cobrado una intensidad particular. El historietista Paco Roca, conocido por su obra 'El abismo del olvido', ha sugerido su conservación bajo una estricta contextualización, argumentando que borrarlo no borra los hechos históricos. Sin embargo, la Ley de Memoria Democrática ha puesto al Monumento a Franco en la mira, declarando su retirada como una obligación legal, lo que ha desencadenado una confrontación directa entre la normativa estatal y las posturas locales.
El ultimátum estatal y la resistencia local frente al Monumento a Franco
La tensión en torno al Monumento a Franco escaló con el ultimátum del Gobierno central: “Si Santa Cruz no retira el monumento a Franco en seis meses, lo hará el Estado”. Esta declaración, apoyada por una ley que exige la remoción de símbolos de exaltación franquista, ha sido el catalizador de un profundo desacuerdo en la isla. Mientras que la Asociación de Memoria Histórica de Tenerife reclama el cumplimiento de la ley, el alcalde de Santa Cruz de Tenerife se ha opuesto a su erradicación, proponiendo en cambio una «resignificación» de la pieza.
Esta propuesta del alcalde no es nueva; ya en el pasado, una iniciativa para cambiar su nombre a «Monumento a la Concordia» buscó desactivar su carga ideológica, aunque estudios académicos suelen abogar por una aproximación más sincera y documentada a la historia, promoviendo “más verdad” en lugar de diluir los hechos. Un paso crucial en este proceso fue el rechazo del Consejo de Patrimonio Cultural de Canarias a declarar el monumento como Bien de Interés Cultural (BIC), un dictamen que subraya la falta de un «valor cultural excepcional» y su función principal como un altavoz de la exaltación fascista.
El marco legal es claro, y la inclusión del Monumento a Franco en el exhaustivo Catálogo de Vestigios Estatal, un documento de más de 9.300 páginas coordinado por expertos como la catedrática Isabel Navarro Segura y el profesor Jesús Pérez Morera, lo posiciona como uno de los símbolos franquistas a revisar. Este catálogo no solo lista monumentos públicos, sino también placas, calles, bustos e incluso hace mención de restos humanos, evidenciando la magnitud de los vestigios a nivel nacional.
La controversia se ha intensificado con la iniciativa de grupos políticos locales. Por ejemplo, VOX ha impulsado una recogida de firmas para defender lo que ellos denominan un «monumento a la paz», un giro narrativo que choca frontalmente con la interpretación histórica y legal del monumento.
El impacto del Monumento a Franco en la memoria colectiva y el patrimonio
El debate sobre el Monumento a Franco trasciende la mera discusión estética o legal; es una profunda reflexión sobre la memoria colectiva, la ética del patrimonio y el significado de los símbolos en una sociedad democrática. Para algunos ciudadanos, acostumbrados a su presencia, la escultura puede evocar una belleza artística exenta de connotaciones políticas, una admiración por la técnica que ignora su origen y propósito. Para otros, sin embargo, solo representa «fascismo petrificado», un doloroso recordatorio de un régimen opresor.
La Universidad de La Laguna ha sido enfática al señalar que el conjunto ofende los valores democráticos, un punto que la comisión técnica canaria ha respaldado en sus informes. La insistencia en su resignificación plantea interrogantes sobre la posibilidad de conciliar la memoria histórica con la permanencia de un símbolo que nació para la exaltación dictatorial. ¿Es posible despojar a un monumento de su significado original cuando este está tan intrínsecamente ligado a un periodo de conflicto y represión? Expertos en memoria histórica sugieren que la honestidad y la documentación son clave para afrontar el pasado.
El caso de Tenerife no es aislado. Con alrededor de 4.000 vestigios franquistas dispersos por toda España, el «purga del mapa fascista» genera constantemente tensiones. Mientras algunas estructuras, como la pirámide de los italianos en Burgos, han esquivado la remoción, el Monumento a Franco se ha convertido en un símbolo de resistencia a la implementación de la ley de memoria. La cuestión central radica en si la conservación de estas obras, incluso con contextualización, contribuye a la educación histórica o si, por el contrario, prolonga una herida abierta en la sociedad.
El futuro del Monumento a Franco pende de un hilo. La persistencia de su presencia en Santa Cruz de Tenerife refleja la complejidad de cerrar capítulos históricos en una nación que aún lidia con el legado de su pasado. Este debate no solo afecta a esta imponente escultura, sino que sienta un precedente para otros vestigios en la isla, como la escultura La Ida o los restos de la batería militar del Barranco del Hierro, abriendo una ventana a cómo la sociedad española decide enfrentar y procesar su propia historia.
- El Gobierno central advierte a Santa Cruz de Tenerife para que retire el monumento.
- El Consejo de Patrimonio Cultural de Canarias rechazó declararlo Bien de Interés Cultural.
- La Universidad de La Laguna ha coordinado la inclusión del monumento en el Catálogo de Vestigios Franquistas.