El búnker de Fuenlabrada: así funciona el acelerador de protones contra el cáncer donado por Amancio Ortega.
Fuenlabrada construye un búnker de hormigón para instalar un revolucionario acelerador de protones que transformará el tratamiento oncológico.
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Categoría: Tecnología
Un búnker para una joya tecnológica
En el Hospital de Fuenlabrada, en Madrid, se levanta una estructura que parece más una fortaleza que un anexo sanitario. Con paredes de hormigón de tres metros de grosor y cimientos diseñados para soportar pesos colosales, este búnker no guarda secretos militares, sino una de las mayores esperanzas en la lucha contra el cáncer: un acelerador de protones de última generación. Este equipo forma parte de la donación de 280 millones de euros realizada por la Fundación Amancio Ortega, que dotará a la sanidad pública española de diez de estas máquinas, distribuidas en siete comunidades autónomas.
La construcción del edificio en sí misma es una proeza de la ingeniería. Con una inversión de 13 millones de euros por parte del gobierno autonómico, la estructura de dos plantas y más de 2.000 metros cuadrados está diseñada para contener la radiación emitida por el equipo, garantizando la seguridad de pacientes, personal y entorno. Es un escudo de hormigón para proteger y operar una tecnología que cambiará vidas.
Instalación de titanes: Ciclotrón y Gantry
La complejidad del proyecto quedó patente durante la instalación de los dos componentes principales del acelerador. Primero, el Ciclotrón, el corazón del sistema que genera y acelera los protones. Con un peso de casi 50 toneladas y ocho metros de altura, su colocación requirió la apertura del tejado del búnker y el uso de una grúa de gran tonelaje. A este le siguió el Gantry, un imponente brazo giratorio de 75 toneladas y más de 11 metros de altura, encargado de dirigir el haz de protones hacia el tumor con una precisión submilimétrica desde cualquier ángulo.
Protonterapia: una revolución en la lucha contra el cáncer
La protonterapia no es simplemente una versión mejorada de la radioterapia convencional; es un cambio de paradigma. Mientras que los fotones de la radioterapia tradicional atraviesan el cuerpo, irradiando tanto el tumor como los tejidos sanos que encuentran en su camino, los protones tienen una propiedad física única: liberan la mayor parte de su energía justo en el punto final de su trayectoria, deteniéndose bruscamente. Esto permite concentrar la dosis de radiación directamente en el tumor, minimizando el daño a los órganos y tejidos sanos circundantes.
Esta precisión la convierte en la opción ideal para tratar ciertos tipos de cáncer, especialmente aquellos de difícil acceso o localizados cerca de estructuras críticas. Entre sus principales aplicaciones se encuentran:
- Tumores cerebrales y de la base del cráneo.
- Cánceres de cabeza, cuello y médula espinal.
- Tumores oculares y sarcomas.
- Tratamiento de pacientes pediátricos, donde reducir los efectos secundarios a largo plazo es una prioridad absoluta.
De la exclusividad a la sanidad pública
Hasta ahora, el acceso a esta tecnología en España estaba limitado a dos centros privados. La donación de la Fundación Amancio Ortega está a punto de democratizar su uso. Los diez nuevos equipos que se instalarán en hospitales públicos de todo el país supondrán un salto cualitativo sin precedentes para el Sistema Nacional de Salud, posicionando a España a la vanguardia europea en tratamientos oncológicos.
El camino hacia los primeros tratamientos
Con las piezas principales ya en su sitio, comienza una fase crucial que durará aproximadamente un año. Durante los próximos meses, los ingenieros se dedicarán al ensamblaje, la calibración y la puesta en marcha del acelerador. Este proceso incluye rigurosas pruebas para verificar y controlar los niveles de radiación, todo bajo la supervisión del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN), que ya ha emitido una autorización favorable para la instalación. Si todo sigue según lo previsto, el centro de Fuenlabrada podría empezar a tratar a sus primeros pacientes durante el primer trimestre de 2027, uniéndose a otros centros como el de Santiago de Compostela, que se espera comience a operar un poco antes.