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La DGT está en jaque: La rebelión de los radares destrozados revela el secreto millonario que enfurece a Madrid.

En Madrid, una ola de vandalismo sistemático contra los radares de velocidad tiene a la DGT desesperada por los altos costos.

Publicado por: admin (soyreportero)

2026/03/25 | 00:12

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La DGT está en jaque: La rebelión de los radares destrozados revela el secreto millonario que enfurece a Madrid.

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Categoría: Tecnología

Una Rebelión Silenciosa en el Asfalto de Madrid

En las carreteras de Madrid se libra una batalla sorda y constante que no involucra persecuciones a alta velocidad, sino pintura, piedras y una creciente frustración ciudadana. Una ola de actos vandálicos contra los radares de velocidad tiene a la Dirección General de Tráfico (DGT) en una situación límite. Lo que comenzó como incidentes aislados se ha transformado en una campaña sistemática para inutilizar estos dispositivos, especialmente los más 'rentables' para la administración, generando un ciclo de destrucción y reparación que cuesta millones.

El epicentro del conflicto: la M-607 y la M-505

Hay puntos negros en este mapa de descontento. Radares de cabina en ubicaciones estratégicas como la M-607 o la M-505 se han convertido en el objetivo recurrente de los vándalos. Los métodos varían, pero el objetivo es el mismo: dejarlos ciegos. Desde rociarlos con pintura blanca hasta destrozar sus cristales protectores a pedradas o introducir objetos en su interior para bloquear las cámaras. La situación ha alcanzado niveles insostenibles, con reparaciones que duran apenas horas antes de que el dispositivo vuelva a ser atacado.

La Guerra de Cifras: Un Coste Millonario

El desafío a la autoridad no sale gratis. Cada acto vandálico representa un golpe económico considerable para las arcas públicas. La DGT ha sido transparente con los costes, y las cifras son mareantes, lo que añade una capa de complejidad al debate sobre si estos dispositivos son puramente para la seguridad o si esconden un fin recaudatorio.

¿Cuánto cuesta 'resucitar' un radar?

Reparar el daño de un cinemómetro fijo asciende a una cifra cercana a los 70.000 euros. Más en detalle, la DGT estima unos 67.000 euros para un radar fijo y 66.000 para uno de tramo. ¿Por qué este coste tan elevado? Según la propia DGT, no se trata de una simple cámara. Estos equipos integran tecnología punta:

  • Sistema avanzado de reconocimiento de caracteres (OCR).
  • Sincronización de alta precisión con satélites GPS.
  • Cámaras de iluminación láser para capturas nocturnas nítidas.
  • Componentes electrónicos sensibles y calibrados al milímetro.

El caso del radar en la M-505, entre Galapagar y El Escorial, es paradigmático. Fue vandalizado incluso antes de emitir su primera multa y, un año y medio después de su instalación, sigue sin poder operar. "Lo han reparado y al día siguiente lo han vuelto a destrozar metiendo dentro el poste de una señal de tráfico", lamenta la Asociación Unificada de la Guardia Civil (AUGC).

Consecuencias Legales vs. Percepción Pública

Quienes deciden tomarse la justicia por su mano se enfrentan a duras consecuencias. El Código Penal es claro al respecto. Según los artículos 263 a 267, los daños a bienes de dominio público se castigan con penas de prisión de uno a tres años, además de multas económicas para cubrir los costes de reparación. Ya existen casos de personas detenidas que han tenido que recurrir a donaciones en redes sociales para afrontar las reclamaciones millonarias.

¿Medida de seguridad o máquina de recaudar?

Aquí reside el núcleo del conflicto. Mientras la DGT insiste en que los radares son una herramienta indispensable para reducir la siniestralidad y proteger vidas, muchos conductores los perciben como un mero instrumento de recaudación. Esta percepción se vio reforzada cuando a finales de 2025 se batió el récord histórico de recaudación, alcanzando casi 540 millones de euros solo en sanciones captadas por radares fijos, de tramo, móviles y helicópteros Pegasus. Esta cifra alimenta la narrativa de que el objetivo principal es llenar las arcas del estado, y no necesariamente velar por la seguridad vial.

La Respuesta de las Autoridades: Más Vigilancia

Ante esta escalada, la Guardia Civil ha solicitado formalmente un refuerzo de la vigilancia en los puntos más conflictivos. La estrategia pasa por aumentar la presencia de agentes de la Agrupación de Tráfico y de Seguridad Ciudadana. Sin embargo, la tarea es titánica. Con cerca de 4.000 radares instalados en toda España, vigilar cada uno de ellos de forma constante es logísticamente imposible, lo que deja la puerta abierta a que estos actos se sigan repitiendo, convirtiendo las carreteras en un inesperado campo de batalla entre la administración y una parte de la ciudadanía.

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