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La pérdida del cromosoma Y emerge como clave genética de la menor longevidad masculina

El fenómeno mLOY, pérdida del cromosoma Y en sangre, se asocia a más riesgo cardiovascular, cáncer y Alzheimer.

Publicado por: admin (soyreportero)

2026/02/21 | 20:42

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La pérdida del cromosoma Y emerge como clave genética de la menor longevidad masculina

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Categoría: Tecnología

Durante décadas, la diferencia de longevidad entre mujeres y hombres pareció tener culpables claros: la testosterona, el estilo de vida, el tabaco, el estrés o esa mayor tendencia masculina a asumir riesgos. Todo eso influye, sí, pero la investigación reciente ha puesto el foco en una explicación mucho más silenciosa y sorprendente: una parte del ADN masculino empieza a desaparecer en un número importante de células a medida que envejecemos.

Para entenderlo sin enredarnos, basta con recordar lo básico. Nuestra información genética se organiza en 46 cromosomas, en pares. En términos generales, dos cromosomas X se asocian al sexo femenino, y la combinación de un X con un Y al masculino. Durante mucho tiempo, el cromosoma Y fue tratado como un “actor secundario”: pequeño, con pocos genes y aparentemente dedicado casi en exclusiva a determinar el sexo biológico. Ese retrato se ha quedado viejo.

La pieza central de esta historia es el fenómeno llamado mLOY (mosaic Loss Of Y), o pérdida en mosaico del cromosoma Y. Ocurre cuando ciertas células madre de la sangre cometen errores al dividirse y algunas líneas celulares pierden el cromosoma Y. El resultado es un “mosaico” en el cuerpo: parte de los glóbulos blancos conserva el Y y otra parte no. Y no hablamos de algo raro. Según los datos revisados, se ha detectado mLOY en el 40% de los hombres a los 60 años y en el 70% a los 90.

Durante un tiempo se interpretó como una simple “cana genética”, un efecto colateral del envejecimiento sin demasiada importancia. Pero la evidencia acumulada entre 2022 y 2025 —incluyendo análisis a gran escala del Biobanco del Reino Unido y el estudio alemán LURIC— cambió el tono: perder el cromosoma Y no es inocuo y podría explicar una parte relevante de la brecha de longevidad.

El corazón aparece como uno de los órganos más afectados. En experimentos con ratones, al eliminar el cromosoma Y, los animales desarrollaron rápidamente fibrosis cardiaca: el músculo se llena de tejido cicatricial, se vuelve rígido y bombea peor. En humanos, el Biobanco del Reino Unido observó que los hombres con mLOY en más del 40% de sus glóbulos blancos tenían un 31% más de riesgo de morir por causas cardiovasculares. Y el estudio LURIC, con 1.700 hombres, encontró que el mLOY elevaba casi un 50% el riesgo de infarto mortal.

El impacto no se queda en el sistema cardiovascular. La pérdida del cromosoma Y también parece debilitar funciones del sistema inmune, clave para detectar y frenar células tumorales. Por eso se ha asociado a peor pronóstico en cáncer de vejiga y otros tumores sólidos, como si parte de la vigilancia del organismo quedara “medio a oscuras”. Además, se ha observado que la frecuencia de mLOY es hasta 10 veces mayor en pacientes con Alzheimer, con estudios que apuntan a un riesgo casi triple de desarrollar la enfermedad.

Incluso la pandemia encaja mejor con esta pieza genética. Se vio que los hombres mayores morían más que las mujeres, y no siempre estaba claro por qué. Ahora se plantea que la pérdida del cromosoma Y eleva un 54% el riesgo de letalidad por COVID en ancianos, ofreciendo una explicación biológica a ese sesgo.

Lo más interesante es que este hallazgo no solo inquieta: también abre puertas. En ratones, un fármaco antifibrótico logró revertir el daño cardiaco causado por la pérdida del cromosoma. Eso sugiere un camino práctico: usar el mLOY como marcador en un análisis de sangre —igual que hoy se usa el colesterol— para estimar riesgo, anticiparse y aplicar estrategias preventivas. En otras palabras, el cromosoma Y no es un detalle genético menor: puede ser una pieza clave para entender, y quizá reducir, parte del exceso de mortalidad masculina con la edad.

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