Tu próximo vuelo a Europa podría despegar sin ti: El nuevo control biométrico está desatando un caos aeroportuario
El nuevo control biométrico europeo (EES) provoca demoras masivas, y aerolíneas como Ryanair ya despegan dejando pasajeros en tierra.
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Categoría: Tecnología
Un Vuelo que Despega y Cientos de Historias que se Quedan en Tierra
Que un avión despegue dejando atrás a sus pasajeros no es una escena de una película de comedia, se ha convertido en la nueva y frustrante realidad para cientos de viajeros en Europa. En las últimas semanas, Ryanair ha protagonizado varios incidentes en los que sus aviones han partido puntualmente, pero con una parte significativa de sus pasajeros observando impotentes desde las colas interminables del control de fronteras. El culpable tiene un nombre: el Sistema de Entrada y Salida (EES) de la Unión Europea, una implementación tecnológica que prometía seguridad y eficiencia, pero que está generando un caos sin precedentes.
El Sistema que lo Cambió Todo: ¿Qué es el EES?
El EES es un sistema de control fronterizo digital automatizado. Su objetivo es registrar a los viajeros de terceros países, incluidos los ciudadanos británicos tras el Brexit, cada vez que cruzan una frontera exterior del espacio Schengen. El proceso implica el registro de datos biométricos, como escaneos faciales y huellas dactilares. Aunque comenzó a desplegarse en octubre, su implementación total desde el pasado 10 de abril ha revelado un problema fundamental: el tiempo necesario para procesar a cada pasajero se ha disparado, creando cuellos de botella monumentales.
Crónica de un Caos Anunciado: Casos que Encienden las Alarmas
Los efectos de esta nueva burocracia digital no tardaron en manifestarse. El pasado 16 de abril, un vuelo de Ryanair que partía de Milán-Bérgamo hacia Mánchester despegó dejando a un grupo de pasajeros atrapados en el control. Uno de ellos relató a medios británicos cómo, tras una hora y media sin moverse en la cola, vieron su avión partir. Ese mismo día, a EasyJet le ocurrió algo similar en el aeropuerto de Linate, también en Milán, donde de 156 pasajeros de un vuelo a Mánchester, solo 34 lograron embarcar.
Y la situación no se limita a Italia. El mismo 10 de abril, otro vuelo de Ryanair desde Tenerife Sur hacia el Reino Unido dejó en tierra a múltiples viajeros, incluyendo una familia que tuvo que desembolsar 1.600 libras para encontrar una ruta alternativa a casa, ya que el siguiente vuelo disponible no salía hasta una semana después.
La Postura de Ryanair: Pura Lógica Empresarial
Frente a las acusaciones de 'abandonar' a sus clientes, Ryanair se ha defendido con una lógica férrea: ellos no dejaron a nadie atrás. Según la aerolínea, todos los pasajeros que estaban en la puerta de embarque a la hora del cierre, volaron. Quienes no llegaron, simplemente, perdieron el vuelo. La compañía insiste en que el problema radica en la ineficiencia de los controles fronterizos, no en su política. Una vez que el manifiesto de pasajeros se cierra y se entrega al capitán, el avión debe despegar para cumplir con sus estrictos horarios de puntualidad. La eficiencia operativa por encima de la flexibilidad.
El Coste Humano de la Puntualidad Robótica
Aunque la aerolínea pueda tener razón desde un punto de vista técnico y legal, la imagen que proyecta es desoladora. La decisión de priorizar la puntualidad milimétrica sobre la espera de decenas de pasajeros afectados por un sistema nuevo y defectuoso ha generado una ola de indignación. Los viajeros afectados denuncian no solo la pérdida económica, sino una total falta de comunicación y asistencia por parte del personal de la aerolínea en tierra.
Las consecuencias para el pasajero son claras y dolorosas:
- Pérdida del vuelo y del dinero del billete.
- Necesidad de comprar nuevos vuelos a precios desorbitados en el último minuto.
- Costes imprevistos de alojamiento y manutención.
- Una enorme sensación de desamparo y frustración ante la rigidez de la aerolínea.
Mientras tanto, la Comisión Europea defiende que el EES 'funciona muy bien' en la mayoría de los países, admitiendo solo algunos 'problemas técnicos' iniciales. Las cifras que ofrecen, más de 56 millones de cruces fronterizos registrados, contrastan duramente con la experiencia humana de quienes se quedan en tierra. Este choque entre la eficiencia tecnológica teórica y la caótica realidad práctica plantea una pregunta incómoda: ¿es este el futuro que nos espera en los viajes?