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El cielo más valioso del mundo está en juego: La guerra silenciosa que podría dejarnos ciegos al universo

En el desierto de Atacama, la expansión de la energía renovable choca con la astronomía, amenazando la observación espacial.

Publicado por: Eder Muñoz (edercmf)

2026/05/02 | 04:03

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El cielo más valioso del mundo está en juego: La guerra silenciosa que podría dejarnos ciegos al universo

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Categoría: Tecnología

El Dilema del Desierto: ¿Energía o Estrellas?

En el corazón de Chile yace un tesoro de 105,000 kilómetros cuadrados: el desierto de Atacama. Este paisaje, el más árido del planeta, es un lugar de extremos y, por lo tanto, de oportunidades únicas. Por un lado, sus cielos despejados, libres de nubes y contaminación lumínica durante más de 300 noches al año, lo convierten en el lugar más privilegiado de la Tierra para observar el cosmos. No es casualidad que albergue los observatorios más potentes del mundo. Pero esa misma aridez y sol implacable lo transforman también en una mina de oro para las energías renovables, una pieza clave en la lucha global contra el cambio climático.

Aquí reside la paradoja: dos visiones de futuro, ambas cruciales para la humanidad, están en curso de colisión. La necesidad de energía limpia impulsa la instalación de gigantescos parques solares y eólicos, mientras la ciencia astronómica requiere una oscuridad y quietud prístinas que estas mismas tecnologías amenazan con destruir.

La Amenaza INNA: Un Proyecto que Casi Apaga el Cosmos

La tensión alcanzó un punto crítico con el proyecto INNA. Impulsado por la gigante estadounidense AES Corporation, este plan contemplaba la construcción de un inmenso complejo a solo 10 kilómetros del Observatorio Paranal, operado por el Observatorio Europeo Austral (ESO). El proyecto incluía:

  • Un parque fotovoltaico de más de 3,000 hectáreas.
  • Turbinas eólicas de gran escala.
  • Instalaciones para producir hidrógeno verde y amoníaco.

Aunque el hidrógeno verde es una promesa de energía limpia, la comunidad científica lanzó la voz de alarma. La proximidad del proyecto representaba una “amenaza inminente”. Las microvibraciones de las turbinas, el polvo levantado por la construcción y, sobre todo, la inevitable contaminación lumínica, habrían comprometido de forma irreversible la capacidad de telescopios como el Very Large Telescope (VLT) y el futuro Extremely Large Telescope (ELT), el ojo más grande del mundo para mirar el cielo.

La Victoria de los Astrónomos: Una Batalla Ganada, No la Guerra

Ante el riesgo de perder su ventana al universo, los científicos no se quedaron de brazos cruzados. Una carta abierta firmada por astrónomos de todo el mundo describió el peligro que corría la capacidad de la humanidad para investigar el cosmos. La presión mediática y científica surtió efecto. A principios de año, AES Andes, la filial chilena, anunció la cancelación del proyecto INNA, argumentando una reorientación de sus inversiones, aunque no sin antes afirmar que el proyecto era “totalmente compatible” con la región.

Fue una victoria celebrada en todo el mundo científico. Se había salvado uno de los santuarios astronómicos más importantes del planeta. Sin embargo, los expertos advierten que este es solo un respiro temporal. La guerra por los cielos de Atacama está lejos de terminar.

El Futuro Incierto de los Cielos Chilenos

Este conflicto no es nuevo. En 1955, la expansión minera ya forzó el cierre de una estación solar de la Institución Smithsonian. Como lamenta Unda-Sanzana, director del Centro de Astronomía de la Universidad de Antofagasta, “hemos tenido 70 años para aprender de la historia y evitar repetir esos mismos errores”. La victoria contra INNA fue una batalla individual, pero el problema de fondo persiste.

Los astrónomos señalan que las leyes chilenas de protección del cielo están desactualizadas y son demasiado laxas. Mientras la presión por convertir el desierto en la “pila” energética de Chile sigue creciendo, cada nuevo proyecto es una potencial amenaza. Sin una legislación robusta que defina zonas de exclusión y establezca límites claros a la contaminación lumínica y otras perturbaciones, la comunidad científica se verá obligada a luchar cada batalla por separado, con el riesgo constante de que una de ellas se pierda, apagando para siempre una de nuestras ventanas más claras al universo.

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