La idea que Napoleón descartó hoy genera una fortuna: así el túnel imposible se convirtió en una leyenda de la ingeniería.
Desde una propuesta a Napoleón en 1802 hasta facturar mil millones, esta es la historia del Eurotúnel.
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Categoría: Tecnología
El día que dos naciones se encontraron bajo el mar
“Bonjour mon ami”. “Welcome to France”. Con este sencillo pero histórico saludo, el 1 de diciembre de 1990, los operarios Graham Fagg y Philippe Cozette sellaron un hito de la ingeniería moderna. A 50 metros bajo el lecho marino del Canal de la Mancha, el Reino Unido y Francia quedaban unidos por tierra por primera vez en la historia. Era el momento culminante de la construcción del Eurotúnel, una obra que había sido un sueño durante siglos y que finalmente se materializaba, prometiendo cambiar para siempre la geografía económica y social de Europa.
Un sueño de siglos y el miedo a la invasión
La idea de conectar las dos orillas no era nueva. Ya en 1751, el geólogo francés Nicolas Desmarets había especulado con la viabilidad de un túnel. Sin embargo, fue en 1802 cuando el proyecto ganó un respaldo de alto nivel: Napoleón Bonaparte apoyó un plan para excavar un paso para carruajes de caballos, iluminado por lámparas de aceite. Aunque la idea nunca pasó del papel, encendió una mecha que ardería durante dos siglos.
A lo largo del siglo XIX, los avances tecnológicos hicieron el sueño más tangible. En 1866, el ingeniero Henry Marc Brunel confirmó que el suelo de creta bajo el canal era perfecto para la perforación. De hecho, los trabajos comenzaron en 1880, logrando excavar varios kilómetros bajo el mar. Sin embargo, el proyecto se detuvo abruptamente en 1883. La razón: el pánico británico. Los líderes militares temían que el túnel se convirtiera en una autopista para una invasión continental, un argumento tan poderoso que congeló el proyecto durante casi cien años.
Incluso Winston Churchill, quien abogó por su construcción antes de la Segunda Guerra Mundial, no pudo superar los recelos militares. Se llegaron a proponer soluciones drásticas, como instalar un sistema de compuertas para inundar el túnel en caso de emergencia, pero la desconfianza prevaleció.
El impulso definitivo del siglo XX y la conversión en potencia económica
No fue hasta los años 60 cuando el proyecto resucitó seriamente. Tras un breve y fallido intento en los 70, abandonado por los altos costes, la voluntad política finalmente se alineó. El 20 de enero de 1986, el presidente francés François Mitterrand y la primera ministra británica Margaret Thatcher anunciaron la construcción definitiva del túnel. El acuerdo, sellado en el Tratado de Canterbury, establecía las bases para la megaobra.
Una obra de ingeniería colosal
La solución elegida fue un sistema de tres túneles paralelos de 50,5 kilómetros de longitud, de los cuales 38 discurren bajo el mar, convirtiéndolo en el túnel submarino más largo del mundo en su momento. Dos túneles para el tráfico de trenes en cada dirección y un tercero, más pequeño, para servicios y evacuaciones de emergencia. Tras años de una construcción monumental que empleó a más de 13.000 trabajadores, el Eurotúnel se inauguró oficialmente en 1994.
Hoy, el túnel es una arteria vital que ofrece varios servicios:
- Eurostar: El famoso tren de alta velocidad que transporta pasajeros entre Londres, París y Bruselas.
- Le Shuttle: Un servicio de trenes que transporta coches, autobuses y camiones en vagones especiales.
- Transporte de mercancías: Trenes de carga que cruzan el canal, agilizando el comercio.
De visión histórica a leyenda rentable
Actualmente, la infraestructura es gestionada por la empresa Getlink, que no solo ha demostrado la viabilidad del proyecto, sino que lo ha convertido en un negocio extraordinariamente rentable. La compañía factura más de 1.000 millones de euros al año, una cifra que en 2023 se acercó a los 1.600 millones gracias a la diversificación de sus negocios. Además del peaje de los trenes, Getlink opera Eleclink, una interconexión eléctrica de alta tensión que transcurre por el túnel de servicio, y Europorte, su filial de transporte de mercancías. Lo que una vez fue un sueño napoleónico, un temor militar y un desafío de ingeniería, es hoy un símbolo de conexión, cooperación y un rotundo éxito económico que sigue generando fortunas.