El ocaso del gas ruso y el amanecer de una nueva estrategia energética europea
La geopolítica ha redefinido drásticamente el panorama energético mundial. La invasión de Ucrania por parte de Rusia forzó a Europa a una dolorosa y necesaria desvinculación del gas ruso, una fuente de energía que durante décadas sostuvo gran parte de su economía. Esta ruptura, gestada entre sangre, sudor y lágrimas, llevó al continente a buscar refugio en otros proveedores, como Estados Unidos, una estrategia que no estuvo exenta de desafíos y críticas, como lo demostraron eventos pasados.
La reciente crisis en el estrecho de Ormuz no hizo sino subrayar una realidad ya conocida: la dependencia de fuentes energéticas distantes, atravesando rutas complejas e inestables, es una vulnerabilidad insostenible. Ante este escenario, la mirada de Europa ha pivotado hacia su vecino más cercano: el norte de África. Esta región emerge como una prometedora alternativa, dotada de un potencial energético colosal que podría convertirse en el pilar de la seguridad energética europea para la próxima década. El sol y el viento abundantes, la vasta extensión de terreno disponible y la proximidad geográfica son factores que posicionan a Marruecos, Túnez y Argelia como actores clave en esta transformación. La cuestión ya no es si pueden producir energía, sino cómo conectarla a Europa de forma fiable y rentable.
África del Norte: un clúster energético en plena ebullición
Mientras se gestan proyectos de infraestructura energética de gran envergadura, como los gigantes gasoductos africanos —el Transahariano, liderado por Nigeria, Níger y Argelia, y el faraónico África-Atlántico—, la región del norte de África está desplegando planes concretos y ambiciosos en energías renovables. Estos esfuerzos no solo buscan satisfacer sus propias demandas, sino también posicionarse como un socio estratégico para Europa.
Inversiones millonarias y metas ambiciosas
- Marruecos: El reino alauita proyecta añadir 16 GW de capacidad renovable, respaldado por una inversión de 16.000 millones de dólares en los próximos cinco años para alcanzar esta meta. Marruecos ha manifestado su firme intención de aumentar su cuota de energías limpias, consolidando su liderazgo regional.
- Túnez: Este país aspira a que las energías renovables representen el 50% de su matriz energética para 2035. Ya ha lanzado licitaciones para 2,3 GW de infraestructura eólica y solar. Empresas como la noruega Scatec han cerrado financiaciones e iniciado la construcción de plantas solares, como la de Sidi Bouzid II de 120 MW, con finalización prevista para 2027.
- Argelia: Sus planes incluyen conectar 15 GW de renovables a su red para 2035, con una primera fase de 3,2 GW solares. Además, se están desarrollando iniciativas de hidrógeno verde como el proyecto ALTEH2A, complementando la inversión marroquí de 32.500 millones de dólares en este sector.
Conectando los continentes: la infraestructura clave
La viabilidad de esta interconexión energética se apoya en dos pilares fundamentales: los cables eléctricos submarinos y la reconversión de gasoductos existentes para el transporte de hidrógeno. La opción del cable ya está en marcha, con el proyecto Elmed, un cable submarino de 600 MW que conectará Túnez con Sicilia, en Italia.
En este entramado, la empresa italiana Snam juega un papel crucial. En 2023, Snam adquirió una participación significativa en los gasoductos que conectan Italia con Argelia, así como el que une Argelia y Túnez, posicionándose como un operador estratégico ante una eventual transición hacia el hidrógeno. España, a pesar de su histórica condición de "isla energética", podría beneficiarse enormemente de esta nueva configuración, convirtiéndose en una de las principales puertas de entrada para la energía africana.
Impacto y desafíos: la hoja de ruta hacia la soberanía energética
La transformación del norte de África en un gran centro energético tiene implicaciones profundas tanto para la región como para Europa. Para los países norteafricanos, estos proyectos representan una oportunidad histórica para impulsar el desarrollo económico, crear infraestructuras críticas, generar empleo tecnológico y atraer una inversión extranjera muy necesaria.
Un salvavidas para Europa en su búsqueda de energía limpia
Para Europa, la emergencia de esta alianza energética es un auténtico salvavidas. El continente importa ingentes cantidades de gas, petróleo y electricidad. Desde el inicio del conflicto en Ucrania, la Unión Europea ha intensificado su búsqueda de diversificación de proveedores, y el norte de África se ha convertido en una prioridad para el hidrógeno, tal como se refleja en su Estrategia de Hidrógeno. Si estos proyectos se materializan, Europa podría acceder a una fuente de energía limpia y más económica, reduciendo su dependencia y fortaleciendo su soberanía energética.
Retos y lecciones del pasado
Sin embargo, la ruta no está exenta de obstáculos. La historia nos recuerda proyectos ambiciosos como Desertec, que no lograron materializarse, dejando un historial de promesas incumplidas. La complejidad geopolítica de la región es un factor constante, y las tensiones pueden frenar o desviar los planes mejor trazados. La transformación de cualquier país en una potencia energética implica no solo la implementación tecnológica, sino también la estabilidad política y la capacidad de gestionar grandes proyectos a largo plazo.
Otro desafío crucial radica en la competitividad del hidrógeno verde. Aunque la producción en el norte de África es más económica que en otras partes del mundo gracias a las óptimas condiciones solares, su coste aún no puede competir con el hidrógeno derivado del gas natural. Un estudio de la Universidad Técnica de Múnich sugiere que solo una fracción mínima de los emplazamientos africanos podría acercarse a precios competitivos para 2030, y sin subsidios, la mayoría de los proyectos actuales no son rentables.
La transición energética global, como la que vemos impulsada por países como China con sus récords en renovables y almacenamiento hidroeléctrico, demuestra que la ambición debe ir acompañada de una ejecución meticulosa y un contexto geopolítico favorable. La apuesta europea por las energías renovables en el norte de África es una estrategia audaz y necesaria. El éxito dependerá de la capacidad de superar estos desafíos y de la voluntad política para forjar una verdadera asociación que beneficie a ambas orillas del Mediterráneo, garantizando una energía limpia, segura y asequible para todos.